25 de junio de 2026
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Por qué las nuevas generaciones prefieren Backrooms y Obsession a la última película de Spielberg

La conversación cinematográfica de los últimos meses ha tenido varios protagonistas: por un lado, Steven Spielberg con su nueva gran superproducción; por otro, Obsession, una película original de terror sobre un joven llamado Bear, interpretado por Michael Johnston, que usa un objeto maldito llamado One Wish Willow para conseguir que Nikki —a quien da vida Inde Navarrette— le quiera por encima de todo. El deseo se cumple, pero acarrea consecuencias peligrosas.

Tras su sexto fin de semana en cartel, Obsession supera los 334 millones de recaudación mundial con un presupuesto de 750.000 dólares. La película se ha convertido así en la más taquillera en la historia de Focus Features.

Dos semanas después se estrenó Backrooms, adaptación de la serie de cortos virales de Parsons en YouTube. La película sigue a Clark, un arquitecto fracasado interpretado por Chiwetel Ejiofor, que descubre una sucesión interminable de habitaciones en la tienda de muebles que dirige. Su recaudación mundial asciende a 276,9 millones con un presupuesto de 10 millones, y ya es el mayor éxito histórico de A24.

Pocas semanas después de los estrenos, Spielberg elogió a ambos cineastas emergentes. Dijo haber “adorado” Obsession, aunque en ese momento aún no había visto Backrooms.

Cada generación, ¿tiene sus mitos?

La comparación generacional añade otro paralelo: Spielberg tenía poco más de 20 años cuando dirigió Tiburón en 1975. Aquella película ganó tres Oscar y se convirtió en el primer gran taquillazo veraniego. Obsession, además, ha sido la primera cinta desde E.T., el extraterrestre (1982), en aumentar su recaudación en el segundo y el tercer fin de semana en lugar de caer.

Los datos demográficos acentúan esa brecha. En el primer fin de semana de Backrooms, el 86% del público tenía menos de 35 años y más de la mitad no llegaba a los 25.

En ese contexto, no está claro cómo responderán los jóvenes estadounidenses a un título como La Odisea, de Christopher Nolan, también de carácter épico y con un reparto repleto de estrellas, cuando la tendencia actual favorece rostros desconocidos. Para muchos jóvenes, ver películas con intérpretes no reconocibles resulta más estimulante, porque los personajes parecen personas corrientes.

Además, ahora existe un ecosistema digital que no existía cuando Spielberg inició su carrera. Antes se estrenaba una película, se iba a verla y quizá se leía una crítica en el periódico o se hablaba con amigos; hoy hay un flujo constante de publicaciones en Facebook, Instagram y anuncios que empujan al público a formarse una opinión sobre la obra incluso antes de verla.

A pesar de la inclinación hacia youtubers, el cine independiente y directores emergentes, hay un consenso subyacente: nadie ha igualado todavía la combinación de longevidad, influencia y éxito comercial de Spielberg. Uno de los entrevistados lo resumió con un criterio exigente para quien aspire a ser “el próximo Spielberg”: tendría que rodar tantas películas como él y convertirlas todas en éxitos.

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