La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (SSPX), conocida como lefebvrista por su fundador, consagró el miércoles a cuatro nuevos obispos sin autorización papal. El Vaticano calificó el acto de cismático y, según el derecho canónico, los seis obispos del grupo —los dos previos y los cuatro ordenados ahora— quedan automáticamente excomulgados.
La ceremonia se celebró en Écône, Suiza, sede del seminario principal de la Fraternidad, y congregó a miles de fieles que acudieron de distintos países. Fue una misa en latín de aproximadamente cuatro horas, con los sacerdotes oficiando de espaldas a los fieles, conforme a la práctica litúrgica anterior al Concilio Vaticano II que promueve este movimiento tradicionalista.
Al comienzo de la celebración, un sacerdote leyó un comunicado en el que justificaban las consagraciones como una medida necesaria para defender la fe y criticaban lo que consideran un alejamiento de la tradición por parte de la Iglesia actual. Afirmaron que era su “deber sagrado” nombrar obispos fieles a la tradición y al magisterio constante, y rechazaron la validez de cualquier sanción aplicada contra ese paso.
El rito fue presidido por el obispo Alfonso de Galarreta —consagrado sin permiso papal en 1988—, quien impuso las manos sobre los cuatro nuevos obispos: los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier, el suizo Pascal Schreiber y el estadounidense Michael Goldade.
La decisión había sido anticipada desde febrero, cuando la Fraternidad anunció su intención de proceder pese a las advertencias del Vaticano. En los días previos, el Papa León XIV intentó disuadirlos con una carta dirigida al superior general del grupo, Davide Pagliarani, en la que pidió que “vuelvan sobre sus pasos”, calificó la iniciativa de “acto cismático” y advirtió sobre la gravedad de fracturar la unidad de la Iglesia.
El llamado papal no surtió efecto. En su homilía, Pagliarani respondió que no se trataba de romper con la Iglesia para preservar la fe, y defendió la pertenencia a la Iglesia fundada en la profesión íntegra de la fe como criterio primordial.
Otros miembros de la Fraternidad repitieron esa argumentación en declaraciones públicas. El padre Michel Rion, profesor en Écône, sostuvo que la acción no era una rebeldía sino un gesto motivado por el amor a la Iglesia, y aseguró que ser considerados cismáticos sería para ellos una condición insoportable.
Por qué lo hicieron
La Fraternidad explicó que actuó amparándose en un “estado de necesidad”: aseguraron disponer de solo dos obispos con vida —De Galarreta y el suizo Bernard Fellay— y consideraron imprescindible aumentar su cuerpo episcopal para garantizar la continuidad de su obra. El grupo declara presencia en más de 75 países, alrededor de 750 sacerdotes y cerca de 600.000 fieles, si bien constituye una minoría dentro de una Iglesia católica de 1.300 millones de miembros.
El cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto para la Doctrina de la Fe, recordó que el derecho canónico es claro: la consagración de obispos sin mandato pontificio constituye un acto cismático que acarrea la excomunión automática tanto del ordenante como de los ordenados.
Expertos consultados coincidieron en esa interpretación. El padre Robert Gahl, especialista en ética de la Universidad Católica de Estados Unidos, afirmó que no es compatible afirmar fidelidad a la tradición desobedeciendo a la autoridad legítima de la Iglesia.
Para George Weigel, biógrafo de Juan Pablo II, la disputa supera la cuestión del rito: refleja un rechazo más profundo de enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia, la salvación, la libertad religiosa y las relaciones con otras confesiones. Weigel también recordó que el fundador del movimiento, el arzobispo Marcel Lefebvre, tuvo en su pasado afinidades con el régimen de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial.
El antecedente de 1988
La escena en Écône evocó lo ocurrido 38 años antes en el mismo lugar. En 1988, Lefebvre desafió al papa Juan Pablo II y consagró a cuatro obispos sin mandato, entre ellos el británico Richard Williamson, posteriormente conocido por negar el Holocausto mientras dirigía el seminario del grupo en Argentina. En aquella ocasión también se impuso la excomunión inmediata.
Tras esos hechos hubo pasos posteriores: en 2009, Benedicto XVI levantó la excomunión a los obispos supervivientes en un gesto de acercamiento, y desde 2015 el papa Francisco reconoció la validez de confesiones y matrimonios celebrados por sacerdotes de la Fraternidad. Con la nueva consagración, esas concesiones quedan en entredicho: la carta del papa León XIV advirtió que el acto podría privar a los fieles del grupo de la recepción lícita —y en algunos casos válida— de sacramentos que buscan para su santificación.
El Vaticano no ha publicado aún un decreto que confirme formalmente las excomuniones, aunque, según el derecho canónico, la sanción opera automáticamente sin necesidad de una declaración explícita. El pontífice, que hizo de la unidad eclesial una prioridad de su pontificado, afronta ahora la tensión más grave con el mundo tradicionalista durante su mandato; aun así dejó abierta la posibilidad de diálogo y entendimiento guiado por el Espíritu Santo.


