El regreso de Lionel Messi a la Argentina fue distinto al del resto del plantel. Tras la derrota en la final del Mundial frente a España, el capitán no volvió con la delegación: organizó un viaje privado y discreto para volver a lo esencial y estar junto a su familia.
Mientras sus compañeros aterrizaron ayer en Buenos Aires y recibieron homenajes de la gente, Messi optó por otra ruta. Después de pasar por Miami, tomó un vuelo privado directo a Rosario, su ciudad natal, donde lo esperaban sus familiares. La decisión buscó bajar la exposición tras días de frustración deportiva y también estuvo marcada por la situación de salud de su padre, Jorge, que había estado delicada en el último mes.
La llegada se produjo en las primeras horas de la mañana del martes, con perfil bajo y la presencia de algunos fanáticos que se acercaron. Sin actos oficiales ni festejos multitudinarios, Messi privilegió el descanso y la intimidad, y se dirigió a su casa en el barrio Funes para mantenerse alejado del ruido mediático que siguió a la final.
El contraste con el resto del equipo fue notable: en Ezeiza, los jugadores tuvieron un recibimiento emotivo y circularon en un micro descapotable. Messi, en cambio, evitó esa escena y prefirió volver directamente a su hogar; al aterrizar en Rosario lo esperaba una minicombi que lo trasladó hasta su casa.
Messi ya está en Rosario con su familia
No fue un traslado improvisado. La decisión de volar desde Miami en un avión privado estuvo pensada para garantizar rapidez y privacidad en medio de una exposición global constante. Ese itinerario le permitió llegar sin escalas a Rosario y reunirse con su entorno en un espacio más reservado.
Cabe recordar que en otras oportunidades Messi solía aterrizar y descender en helicóptero para llegar directamente a su domicilio. En esta ocasión la logística fue cuidada y no se lo vio públicamente; solo se observó la camioneta que lo trasladó.

