25 de julio de 2026
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Dietas mediterránea y MIND asociadas a mejores biomarcadores cerebrales

Un estudio de cinco años publicado en Scientific Reports sugiere que una dieta orientada a la protección cerebral puede disminuir el riesgo de Alzheimer y ralentizar el deterioro cognitivo.

La investigación siguió a 1.500 participantes durante cinco años y comparó los efectos de la dieta mediterránea y la dieta MIND (Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delay) tanto en personas sin enfermedad como en pacientes con Alzheimer.

Quienes mantuvieron ambos patrones alimentarios mostraron mejores puntuaciones cognitivas, menores niveles de biomarcadores asociados al daño neuronal y reducciones en marcadores inflamatorios en sangre.

Entre los dos regímenes, la dieta MIND mostró una asociación ligeramente más fuerte con la preservación cognitiva; esa ventaja fue estadísticamente significativa en los análisis que emplearon algoritmos de aprendizaje automático para predecir la evolución cognitiva.

Qué propone la dieta MIND

La dieta MIND favorece alimentos de origen vegetal —bayas, verduras de hoja, cereales integrales, legumbres y frutos secos—, incorpora pescado y aves como fuentes preferentes de proteína y limita carnes rojas, grasas saturadas y azúcares añadidos.

Sandra Darling, especialista en medicina preventiva de Cleveland Clinic, explica que estos alimentos aportan nutrientes que reducen la inflamación y protegen las neuronas, y por eso suele recomendar la dieta MIND.

El estudio identificó micronutrientes asociados a mejor función cognitiva, entre ellos polifenoles, ácidos grasos omega-3 y vitaminas del grupo B.

Los participantes con mayor adherencia a ambas dietas registraron niveles más bajos de beta-amiloide, proteína tau y marcadores de neurofilamentos (indicadores de daño neuronal), así como concentraciones reducidas de citocinas inflamatorias como interleucina-6 (IL-6), TNF-α y proteína C reactiva (PCR).

El rol de la cocina casera

El análisis de Cleveland Clinic destaca la importancia de preparar comidas en casa con ingredientes enteros y mínimamente procesados, lo que reduce el consumo excesivo de sodio, aceites poco saludables, grasas saturadas y azúcares presentes en ultraprocesados.

“Cocinar más en casa con alimentos integrales aporta al cerebro los nutrientes que necesita”, señaló Darling, en referencia a este enfoque.

La literatura científica señala que la dieta occidental, rica en ultraprocesados, favorece la inflamación sistémica, un mecanismo vinculado al avance del deterioro cognitivo.

Genética y respuesta individual

El estudio también exploró factores genéticos y halló que los portadores del alelo APOE-ε4 —un importante factor de riesgo para Alzheimer— pueden responder de forma distinta a las intervenciones dietéticas, lo que sugiere la necesidad de recomendaciones nutricionales más personalizadas.

Los autores concluyen que tanto la dieta mediterránea como la dieta MIND constituyen estrategias no farmacológicas con respaldo científico para la prevención y el manejo del Alzheimer, pero que hacen falta más estudios para ajustar las pautas según la predisposición genética y metabólica de cada persona.

Además, Darling recuerda que la alimentación es solo una pieza del conjunto: el ejercicio regular, un sueño adecuado y el control del estrés también son clave para mantener la salud cerebral a largo plazo.

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