27 de julio de 2026
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5 hábitos que aumentan el riesgo de cáncer colorrectal

El cáncer colorrectal ocupa el tercer puesto entre los cánceres más diagnosticados y el segundo en mortalidad oncológica a nivel mundial, con más de 2 millones de casos nuevos y 918.000 muertes estimadas en 2024, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los especialistas advierten que ciertos hábitos diarios aumentan ese riesgo de forma silenciosa y que la mayoría de los casos no presenta síntomas tempranos, por lo que la prevención y la detección temprana son las herramientas más accesibles frente a una enfermedad en crecimiento.

De acuerdo con expertos citados por EatingWell, las tasas de cáncer colorrectal están aumentando entre personas menores de 50 años en al menos 27 países, una tendencia que los oncólogos atribuyen en parte a factores de estilo de vida modificables.

Pashtoon Kasi, director médico de oncología médica gastrointestinal del Centro de Cáncer Lennar Foundation de City of Hope, en el condado de Orange, señaló que “frecuentemente el cáncer colorrectal no presenta síntomas, por lo que realizarse estudios de detección temprana y regulares, según lo recomiende el médico, es clave”.

Los especialistas consultados por EatingWell identificaron cinco hábitos comunes que pueden incrementar el riesgo y ofrecieron medidas concretas para reducirlo.

1. Pasar largas horas sentado

El sedentarismo habitual, más que jornadas ocasionales, eleva el riesgo. Según Steven A. Lee-Kong, jefe de cirugía colorrectal del Centro Médico Universitario Hackensack, la inactividad puede favorecer la resistencia a la insulina, la inflamación crónica de bajo grado y el exceso de grasa corporal, condiciones que afectan negativamente la salud del colon.

La OMS recomienda entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad intensa, para adultos. También es aconsejable interrumpir periodos largos de inactividad con pausas para ponerse de pie, estirarse o dar pequeñas caminatas.

2. Consumir poca fibra de manera habitual

Una dieta baja en fibra deja los residuos más tiempo en el colon, aumentando el contacto de compuestos potencialmente dañinos con su mucosa. Además, reduce la producción de ácidos grasos de cadena corta como el butirato, que nutren las células del colon y ayudan a regular la inflamación.

Un metaanálisis citado por EatingWell asocia una mayor ingesta de fibra —tanto soluble como insoluble— con un menor riesgo de cáncer colorrectal. El gastroenterólogo Lance Uradomo recomienda incorporar fibra de forma gradual: legumbres en el almuerzo, frutas con piel o semillas en el desayuno y guarniciones de granos enteros en la cena.

3. Beber alcohol con frecuencia

El metabolismo del alcohol produce acetaldehído, un compuesto carcinógeno que puede dañar el ADN; además, la flora intestinal participa en procesos que exponen al revestimiento del colon a este riesgo. El consumo habitual también puede interferir con el folato, una vitamina B importante en la reparación del ADN y la división celular.

La OMS y la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasifican al alcohol como carcinógeno del grupo 1 y señalan una relación causal con el cáncer colorrectal. Kasi aconseja reducir o eliminar el alcohol, ya que incluso el consumo moderado eleva el riesgo. Medidas prácticas incluyen noches sin alcohol, elegir bebidas sin alcohol o limitar la cantidad por ocasión.

4. Fumar tabaco

El tabaco introduce al organismo múltiples carcinógenos que afectan tejidos más allá de los pulmones. En el colon, estas sustancias pueden dañar el ADN y favorecer la aparición de pólipos precancerosos, según Lee-Kong.

Un metaanálisis mencionado por EatingWell encontró una asociación entre el tabaquismo y un mayor riesgo de cáncer colorrectal. Kasi compara el impacto del tabaco con el del alcohol: ambos dañan las células sanas y aumentan la probabilidad de cáncer. Para dejar de fumar, es recomendable consultar a un médico o farmacéutico sobre tratamientos y asesoramiento profesional; las líneas de ayuda para dejar el tabaco también brindan apoyo continuado.

5. Postergar los estudios de detección

La colonoscopía y otras pruebas de detección permiten identificar y, en muchos casos, extirpar pólipos antes de que se conviertan en cáncer. Retrasar estos estudios facilita que lesiones precancerosas o cánceres en etapa inicial progresen sin diagnóstico.

La American Cancer Society (ACS) recomienda que los adultos con riesgo medio comiencen controles regulares a los 45 años y los continúen hasta los 75, siempre que gocen de buena salud. Hay distintas modalidades de cribado: colonoscopía, pruebas basadas en heces y, en algunos casos, análisis de sangre. “Algún tipo de estudio es mejor que ninguno”, comentó Kasi.

La elección del método y la frecuencia dependerán del riesgo individual, los antecedentes familiares, el historial de pólipos y la presencia de síntomas como sangrado rectal, cambios persistentes en los hábitos intestinales, dolor abdominal continuo o pérdida de peso sin causa aparente.

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