Argentina alcanza una tasa de finalización de la escuela secundaria del 75% entre jóvenes de 25 a 34 años, ubicándose entre los países con mejores resultados de América Latina, según un informe de Argentinos por la Educación basado en datos de la OCDE y organismos internacionales.
El estudio señala que el país está por encima del promedio regional en egreso del nivel secundario, aunque aún no se ha logrado la universalización de este tramo educativo.
La investigación destaca que en las últimas décadas la educación secundaria se expandió notablemente, en gran parte por la obligatoriedad implementada en varios países, pero persisten desafíos en torno a la permanencia escolar, los aprendizajes y la calidad educativa.
Los especialistas consultados advierten que el aumento en la cantidad de egresados debe evaluarse junto con los niveles reales de aprendizaje que hayan alcanzado esos estudiantes.
Silvina Gvirtz plantea la duda sobre si estos avances constituyen una mejora educativa real o si existe el riesgo de generar “certificaciones que no certifican”, subrayando la necesidad de que los títulos reflejen aprendizajes efectivos.
Daniel Pinkasz, investigador de FLACSO y docente de la UNGS, señala que la expansión de la secundaria en la región tuvo características distintas a las observadas históricamente en la educación primaria.
Pinkasz explica que los resultados varían entre países con diferentes contextos sociales, económicos y demográficos, y que no hay un patrón único vinculable a factores como urbanización, distribución del ingreso o composición étnica.
Además, sostiene que los datos nacionales deben complementarse con estudios desagregados que permitan analizar desigualdades internas y entender mejor los factores que influyen en la finalización del nivel secundario.
El informe vuelve a poner en foco un reto central del sistema educativo argentino: no basta con que más jóvenes terminen la secundaria, sino que deben hacerlo con los conocimientos y habilidades necesarios para seguir estudiando o incorporarse al mundo laboral.
En ese sentido, propone orientar políticas hacia la retención, la mejora de la calidad educativa y la evaluación de aprendizajes para asegurar que los egresos sean efectivamente significativos.

