El Índice Big Mac compara el precio del sándwich de McDonald’s entre países para estimar si sus monedas están subvaluadas o sobrevaluadas respecto del dólar. En su versión “cruda”, que solo considera la diferencia de precios y el tipo de cambio, el peso argentino aparece subvaluado en un 5%. En la versión ajustada o “gourmet”, que incorpora una corrección por el ingreso por habitante, el índice muestra al contrario una sobrevaluación del 19%.
La revista The Economist, que elabora este indicador de forma semestral, celebró en 2026 sus cuarenta años con un análisis histórico. También describió la composición de costos de un Big Mac: en promedio el pan y el queso representan 12,1% y 9,4% del costo, la carne 9%, mientras que los mayores componentes son los costos laborales (45,6%), seguidos por electricidad (5,1%) y alquileres (4,6%). Estos porcentajes son promedios y pueden variar entre países.
Para construir el índice, The Economist registra el precio del Big Mac (solo, no en combo) en cuatro ciudades argentinas. En junio el precio promedio fue de $8.700, y con un tipo de cambio de $1.472,99 por dólar el sándwich equivalía a USD 5,9, frente a los USD 6,22 que cuesta en Estados Unidos.
Poder adquisitivo
La teoría de la paridad del poder adquisitivo (PPA), en la que se basa el índice, sostiene que dos monedas están equilibradas cuando un mismo bien tiene el mismo precio en ambas al convertirlo a una moneda común. Según esa lógica, para que el Big Mac costara USD 6,22 en Argentina en junio el tipo de cambio debería ser alrededor de $1.398,71. La versión cruda del índice indica entonces que el peso debería valer más frente al dólar (o, visto desde el dólar, que el dólar debería costar menos en pesos).
La clase .responsive establece ancho completo y altura automática para imágenes y otros elementos multimedia.
Esta conclusión contrasta con interpretaciones de economistas como Roberto Frenkel, quienes sostienen que el peso argentino está sobrevaluado y que una devaluación (es decir, un aumento del precio del dólar) sería necesaria para aumentar la competitividad de los sectores orientados al comercio exterior y dinamizar la actividad interna.
La versión “gourmet” del índice ajusta la comparación por el PIB per cápita de cada país; con ese ajuste, el resultado es que el peso argentino aparece sobrevaluado en un 19%.
La clase .responsive establece ancho completo y altura automática para imágenes y otros elementos multimedia.
En términos simples: en Argentina un Big Mac es relativamente barato si se lo compara con su precio expresado en dólares en EE. UU. y otros países, pero resulta caro en relación con el ingreso promedio de los argentinos.
Una vuelta en Big Mac alrededor del mundo
En la versión cruda del índice, las monedas que aparecen más sobrevaluadas (donde un Big Mac cuesta más en dólares) incluyen al franco suizo (-45,4%), al peso uruguayo (43,7%) y a la corona noruega (29,5%). Las más subvaluadas figuran el yen japonés (-50,4%), el dólar de Hong Kong (-47,7%) y la moneda de Ucrania (-46,4%). En América Latina, el peso colombiano aparece como la moneda más sobrevaluada (28,7%), mientras que el peso mexicano está casi alineado (0,8% sobrevaluado). Entre las monedas subvaluadas se encuentran el peso argentino (-5%), el peso chileno (-13,1%), el sol peruano (-19,7%) y el real brasileño (-24,4%).
En la versión gourmet, la sobrevaluación es aún mayor en algunos casos: el peso uruguayo resulta 77,4% sobrevaluado y el peso colombiano 63,6% sobrevaluado, lo que indica que los Big Macs son caros en términos internacionales y especialmente caros respecto de los ingresos locales de esos países.
El Índice Big Mac se fundamenta en la teoría de la Paridad del Poder Adquisitivo, formulada en el siglo XIX por el economista sueco Gustav Cassel, que sostiene que una moneda está alineada con otra si ambas permiten comprar la misma canasta de bienes con el mismo valor al expresarlo en cualquiera de las dos monedas.
Al usar un bien único y relativamente homogéneo como el Big Mac, el índice ofrece una prueba sencilla de la teoría sin recurrir a canastas de consumo diferentes y más complejas. Aunque el Banco Mundial compila una canasta para este tipo de cálculos cada tres años, The Economist señala que sus resultados no difieren sustancialmente de los del índice basado en el sándwich.
Según la propia revista, esto se explica porque el Big Mac, pese a ser un solo producto, incorpora más de 60 insumos —desde carne hasta aditivos— además de incluir costos laborales e inmobiliarios propios de cada lugar donde se elabora y se vende.
La versión “gourmet” incorpora el efecto Balassa‐Samuelson —formulado por Béla Balassa y Paul Samuelson—, que sugiere ajustar las comparaciones por el PIB per cápita: en países más ricos los salarios y los precios de servicios tienden a ser más altos, por lo que conviene considerar el nivel de ingreso al evaluar si una moneda está sobre o subvaluada.
Economía y política internacionales: del peso argentino al yen japonés
En su repaso de cuatro décadas, The Economist también destaca la utilidad del índice para interpretar tensiones económicas, comerciales y cambiarias entre grandes economías.
La revista plantea: ¿qué implica que el índice vuelva a mostrar desequilibrios en el euro, el yuan y el yen? Cita al Fondo Monetario Internacional, que a comienzos del año estimó que la moneda china estaba alrededor de un 16% más débil de lo que marcaban los fundamentos, una ventaja que contribuyó a que China acumulase enormes superávits comerciales de bienes —casi 1,2 billones de dólares el año pasado—.
También recoge la preocupación de líderes como el presidente francés Emmanuel Macron, que considera esos desequilibrios “insoportables” y una amenaza para la industria europea, y menciona a Donald Trump como un crítico persistente de las monedas asiáticas baratas, que históricamente ha denunciado prácticas de devaluación competitiva.
La debilidad reciente del yen llevó a una intervención en los mercados, en la que según Financial Times participaron bancos estadounidenses como Goldman Sachs y Morgan Stanley para vender euros y comprar yenes. The Economist recuerda que la última intervención similar de Estados Unidos en el mercado cambiario japonés data de 1998, y compara esa operación con otra intervención inusual realizada en septiembre de 2025 para apoyar al gobierno argentino y evitar una devaluación en la antesala de las elecciones legislativas.

