Ucrania está reforzando su frontera norte por el temor a un posible ataque desde Bielorrusia, ante la creciente expansión de la capacidad militar de Minsk.
«Nos preparamos para todo tipo de escenarios y amenazas», dijo a EFE Margarita Vershínina, portavoz del destacamento fronterizo de Volinia, que cubre 203 km en el noroeste del país.
Antes de la invasión rusa a gran escala, hace casi cuatro años y medio, en la zona visitada por EFE apenas había una franja de arena entre ambos países; vecinos de las dos orillas solían recoger setas y bayas en los bosques cercanos a la línea no fortificada.
Hoy esa franja está reemplazada por un muro de bloques de hormigón y alambre de púas que recorre la frontera, patrullado por soldados a pie y en vehículos y vigilado las 24 horas. En las inmediaciones hay advertencias sobre zonas con minas.
Vershínina explicó que, según la zona, han instalado distintos tipos de vallas, zanjas antitanque y «dientes de dragón», medidas orientadas a frenar tanto a la infantería como a vehículos enemigos.
Las principales obras de ingeniería en la región —por donde pasan rutas de suministro clave desde Polonia hacia Kiev y el este de Ucrania— se completaron a finales de 2025. Aproximadamente un tercio de la frontera está protegido por terrenos pantanosos, que dificultan el avance de maquinaria pesada.
Vershínina añadió que los trabajos continúan a lo largo de la línea fronteriza y en áreas contiguas para reforzar las defensas, incluyendo la instalación de redes antidrones en tramos de carretera seleccionados.
Una amenaza creciente
Bielorrusia no dispone hoy de fuerzas suficientes en la frontera para lanzar un ataque a gran escala de forma inmediata, pero ha aumentado progresivamente su infraestructura militar y el número de tropas.
En junio, el presidente Volodimir Zelenski instó públicamente al líder bielorruso Aleksandr Lukashenko a cesar la colaboración en ataques con drones rusos y pidió el desmantelamiento de los transmisores que guiaban esos aparatos sobre Volinia y otras regiones.
Los transmisores fueron desconectados, pero las autoridades ucranianas consideran que Minsk está bajo creciente presión rusa para asumir un papel más activo, bien con una ofensiva a gran escala o con operaciones transfronterizas limitadas que distraigan a las fuerzas ucranianas y pongan en riesgo a la población civil.
A comienzos de agosto, el comandante de las fuerzas de operaciones especiales de Bielorrusia, Alexander Iliukevich, confirmó la formación en curso de una nueva brigada de asalto aerotransportada cerca de Gomel, a unos 40 km de la frontera con Ucrania.
Guardias fronterizos ucranianos y bielorrusos patrullan todavía a pocos metros de distancia, pero todo contacto directo entre ellos se interrumpió tras la invasión rusa desde territorio bielorruso cerca de Kiev en febrero de 2022, pese a las garantías de la cúpula militar bielorrusa.
«Nos conocíamos bien después de años de servicio. Pero ya no puedo y no quiero estrecharles la mano», declaró a EFE un guardia fronterizo ucraniano.
Vivir bajo la amenaza
El cierre total de los pasos fronterizos ha perjudicado seriamente a las comunidades locales. Muchos vecinos tienen familiares en Bielorrusia y antes trabajaban en el otro lado de la frontera.
Los bosques siguen siendo la principal fuente de ingresos en un pueblo cercano: los vecinos llevan las bayas recolectadas en zonas seguras a la tienda local. «Antes este lugar estaba lleno de coches bielorrusos; venían a comprar porque era más barato», contó a EFE Nina, una comerciante de 56 años.
Acaba de hablar por teléfono con su hermana que vive al otro lado de la frontera; esa llamada es ahora su único contacto, ya que su hermana teme viajar a Ucrania, incluso pasando por Polonia.
Para proteger a sus parientes en Bielorrusia, las familias evitan hablar de política en sus conversaciones cotidianas.
Volodímir, de 79 años, admitió que un reciente ataque con drones rusos le alarmó y le hizo temer una ofensiva bielorrusa, pero confía en que Minsk no emprenderá un ataque directo.
«A algunos de allí no les caemos bien, pero en Bielorrusia hay más gente sensata que dispuesta a meterse en una guerra con nosotros», afirmó. La mayoría de los habitantes cree que el experimentado ejército ucraniano podría repeler cualquier nueva ofensiva desde el norte.

