15 de enero de 2026
Buenos Aires, 23 C

Olas de calor y deforestación podrían extinguir 30.000 especies para 2100

Según un estudio de la Universidad de Oxford publicado en Global Change Biology, miles de especies de vertebrados terrestres podrían perder hábitats adecuados antes de que termine este siglo debido a la combinación de olas de calor extremas y la transformación del uso del suelo.

La investigación, que abarcó casi 30.000 especies a nivel mundial, alerta de que la interacción entre el cambio climático y el cambio en el uso del suelo podría situar a numerosas especies al borde de la extinción, con mayor riesgo en áreas como el Sahel, Oriente Medio y regiones de Brasil.

El equipo investigador, liderado por la Universidad de Oxford e integrado por instituciones de Israel, Estados Unidos y Australia, examinó el efecto conjunto de olas de calor extremas y cambios en el uso del suelo sobre 29.657 especies de vertebrados terrestres (anfibios, aves, mamíferos y reptiles) para el periodo 2015–2100.

Para ello emplearon escenarios socioeconómicos y de emisiones (combinaciones SSP-RCP) y cruzaron datos sobre distribución de especies y sus preferencias de hábitat con proyecciones de uso del suelo y de eventos de calor extremo.

El análisis consideró la frecuencia, duración e intensidad de las olas de calor y la conversión de hábitats naturales en tierras agrícolas, urbanas o gestionadas. Se usó una resolución espacial de 24,1 x 24,1 km, lo que permitió identificar tanto las áreas que perderían idoneidad como aquellas que podrían volverse adecuadas en el futuro.

Impacto desigual: regiones y grupos más vulnerables

Los resultados muestran que, si continúan las tendencias actuales, hasta 7.895 especies de vertebrados terrestres podrían quedar expuestas a condiciones totalmente inadecuadas en la totalidad de su rango para 2100.

Bajo el escenario más optimista, alineado con el Acuerdo de París (SSP1-RCP2.6), el 10% del rango de las especies quedaría expuesto a condiciones no aptas por la combinación de ambos factores; en el escenario más adverso (SSP5-RCP8.5), esa proporción aumentaría hasta el 52%.

El estudio identifica a los anfibios y reptiles como los grupos más vulnerables: incluso en el escenario más favorable, más del 23% del área de distribución de los anfibios y más del 13% de la de los reptiles quedarían expuestos a condiciones inadecuadas. Las especies con rangos reducidos y las ya clasificadas como amenazadas por la UICN afrontan riesgos particularmente altos.

Geográficamente, las regiones subtropicales destacan como puntos críticos, en especial el Sahel (Sudán, Chad, Malí), parte de Oriente Medio (Afganistán, Irak, Arabia Saudita) y zonas de Brasil. En esos lugares, la coincidencia de olas de calor extremas y pérdida de hábitat por actividades humanas podría dejar a muchas especies sin hábitats refugio.

Como ejemplo concreto, la víbora arbórea africana (Atheris broadleyi) perdería, bajo el escenario SSP3-RCP7.0, el 81% de su área adecuada por el cambio en el uso del suelo y el 76% por olas de calor, resultando en un 98% de su rango total en condiciones inadecuadas. Efectos combinados similares se observan en especies de África, Oriente Medio y Sudamérica.

Respuestas necesarias y desafíos de conservación

El informe subraya que los efectos combinados del cambio climático y del uso del suelo son más graves que la suma de sus impactos individuales.

La fragmentación del hábitat restringe la capacidad de las especies para desplazarse o adaptarse, mientras que las olas de calor incrementan el estrés sobre poblaciones ya confinadas a paisajes degradados.

Los autores advierten que las medidas de conservación deben abordar amenazas múltiples de manera simultánea. Señalan que las áreas protegidas, aunque fundamentales, podrían no bastar, porque las olas de calor extremas pueden afectar también a esos refugios y su eficacia disminuye cuando el paisaje circundante está muy transformado.

Entre las principales recomendaciones figuran reforzar y ampliar las áreas protegidas, priorizar la conectividad ecológica y aplicar una gestión adaptativa. Asimismo, es urgente diseñar políticas integradas que consideren de forma conjunta la crisis climática y el cambio en el uso del suelo para identificar y proteger las zonas y especies más vulnerables.

El equipo reconoce que sus estimaciones pueden ser conservadoras, dado que los modelos no incorporan restricciones reales de dispersión ni la conectividad completa de los hábitats, lo que podría subestimar el riesgo de extinción, especialmente para especies con baja capacidad de movimiento.

Asimismo, las proyecciones de uso del suelo suelen basarse en supuestos relativamente optimistas sobre productividad agrícola y tecnología y no siempre incorporan por completo los efectos directos del cambio climático.

A pesar de estas limitaciones, el estudio ofrece una visión amplia de la magnitud de las amenazas para la biodiversidad terrestre y enfatiza la necesidad de respuestas coordinadas e inmediatas.

Artículo anterior

Madre justifica pérdida de $17.000.000 destinados a la fiesta de egresados en casino

Artículo siguiente

Reabren piletas municipales de Córdoba: precio de la entrada

Continuar leyendo

Últimas noticias