15 de enero de 2026
Buenos Aires, 23 C

Bóvedas de semillas para salvar la humanidad

Las bóvedas de semillas son instalaciones clave para proteger la agricultura humana frente a crisis como conflictos, desastres naturales y el cambio climático. La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en el Ártico, custodia actualmente aproximadamente 1.378.238 muestras que representan una amplia diversidad de cultivos a nivel mundial.

El uso de estos repositorios en la recuperación de cultivos tras la guerra en Siria muestra cómo los bancos genéticos pueden ser fundamentales para restaurar sistemas alimentarios dañados y contribuir a la seguridad alimentaria futura.

¿Qué son las bóvedas de semillas y por qué existen?

Los bancos de semillas, o genebancos, son biorepositorios que conservan material genético vegetal —principalmente semillas— para mantener la diversidad genética de los cultivos a lo largo del tiempo.

Su historia se remonta a la década de 1940 en Leningrado, cuando durante el asedio varios científicos protegieron una valiosa colección de semillas, incluso a costa de sus vidas. Esa labor estuvo inspirada en la visión del botánico Nikolai Vavilov, quien viajó extensamente para reunir y preservar especies vegetales con el fin de combatir el hambre.

Vavilov realizó más de un centenar de expediciones en decenas de países y recolectó cientos de miles de muestras que constituyeron la base de los genebancos modernos. Hoy en día existen cientos de estos repositorios en todo el mundo; según Stefan Schmitz, director ejecutivo de Crop Trust, casi todos los países cuentan con su propio banco nacional de semillas.

Diversidad genética como escudo contra el hambre

Mantener una amplia diversidad genética es esencial para evitar crisis alimentarias. La dependencia de una sola variedad de cultivo puede provocar desastres, como ocurrió en la hambruna irlandesa provocada en parte por la uniformidad de la patata cultivada.

Organizaciones como el International Center for Agricultural Research in the Dry Areas (ICARDA), con sedes en Marruecos y Líbano, conservan colecciones que incluyen parientes silvestres y variedades locales ancestrales. Muchas de esas semillas han evolucionado durante milenios y contienen rasgos que les permiten tolerar condiciones extremas como altas temperaturas, salinidad o sequía.

Para Athanasios Tsivelikas, responsable del genebanco de ICARDA en Marruecos, proteger esa diversidad implica “resiliencia climática y adaptación a entornos extremos”, capacidades cada vez más relevantes ante el calentamiento global.

Red de seguridad global: el respaldo de Svalbard

Aun con tecnología avanzada, los genebancos pueden verse afectados por cortes de energía, conflictos o catástrofes naturales. Por ello, en 2008 se inauguró la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, situada en el permafrost noruego cerca del Polo Norte.

El frío natural del lugar ayuda a mantener viables las semillas incluso si se producen fallos eléctricos graves. Svalbard guarda alrededor de 1.378.238 muestras y puede recibir muchas más. Según Schmitz, la instalación funciona como “una gran copia de seguridad”: si una de las más de 800 colecciones mundiales se perdiera por tormentas, incendios, terremotos o conflictos, Svalbard ofrece un duplicado seguro.

Casos en Siria y Sudán con semillas para la reconstrucción

El valor práctico de este sistema quedó patente durante la guerra en Siria. Desde 2011, el genebanco de ICARDA en Siria envió duplicados de sus colecciones a Svalbard mediante el mecanismo de “caja negra”, que permite almacenar semillas sin transferir su propiedad o uso a terceros.

En 2014 la destrucción y la inseguridad obligaron a evacuar el banco sirio; Schmitz calificó aquel episodio como “el mayor desastre conocido para un genebanco”. Tsivelikas explicó que los colegas en Siria, anticipando distintos escenarios, ya habían subido duplicados a la bóveda en Noruega como medida preventiva.

Cuando se reconstruyeron y pusieron en marcha nuevas instalaciones en Marruecos y Líbano, las muestras almacenadas en Svalbard sirvieron para restaurar las colecciones originales. ICARDA fue el primer genebanco en emplear este mecanismo de recuperación; hoy otros países, como Sudán, también depositan duplicados en la bóveda internacional para asegurar la futura recuperación agrícola pese a conflictos.

Más allá de almacenar: investigación, acceso y cooperación

Además de su función de custodia, los bancos de semillas son un recurso vital para la investigación agrícola, la mejora genética y la ayuda a comunidades tras emergencias. Investigadores y mejoradores de plantas pueden acceder a muestras en genebancos para desarrollar cultivos más nutritivos y resistentes.

Schmitz señala que estos repositorios actúan como redes de seguridad agrícola, proporcionando semillas adaptadas que ayudan a agricultores afectados por desastres o desplazamientos. El sistema de “caja negra” fomenta la colaboración entre instituciones y protege material genético valioso frente a pérdidas irreparables.

Así, los bancos de semillas no solo impulsan la innovación en la agricultura, sino que también son determinantes para que comunidades rurales y sistemas alimentarios se recuperen tras crisis y mantengan su capacidad de adaptación a futuros desafíos.

Artículo anterior

Cheesecake Factory vende tortas enteras: precios y dónde comprarlas

Artículo siguiente

Mel Gibson y Rosalind Ross se separan tras 9 años

Continuar leyendo

Últimas noticias