15 de enero de 2026
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Netanyahu sale fortalecido tras reunión con Trump

Benyamin Netanyahu podría incluso pensar en contratar a Donald Trump como jefe de campaña mientras se prepara para una reñida carrera por la reelección en 2026. Durante su visita a Mar-a-Lago el 29 de diciembre, Trump elogió con entusiasmo a Netanyahu, calificándolo como “un primer ministro de guerra al más alto nivel” y afirmando que, con otros al mando, “Israel ahora mismo no existiría”. Esas afirmaciones han funcionado como potentes consignas electorales para el primer ministro.

Netanyahu, que aparece por detrás en la mayoría de las encuestas, cree que proyectar una alianza estrecha con el presidente estadounidense le es políticamente favorable. Trump complementó sus elogios invitándolo a la celebración de Nochevieja y aseguró haber hablado con el presidente israelí Isaac Herzog sobre la petición de Netanyahu de poner fin a su juicio por corrupción, prometiendo que un indulto estaba “en camino”. La oficina de Herzog negó haber mantenido tal conversación, pero esa negación tuvo poco impacto en la narrativa pública.

La visita fue indudablemente un éxito personal y político para Netanyahu, aunque las ganancias diplomáticas para Israel resultaron menos claras. Antes del encuentro, funcionarios israelíes plantearon dos objetivos principales: obtener el compromiso de que Estados Unidos no iniciará la reconstrucción de la devastada Franja de Gaza antes de que Hamas —los militantes islamistas que controlan amplias zonas de Gaza— quede desarmado por completo; y lograr que se devuelva el último cuerpo de un rehén antes de pasar a la siguiente fase del plan de paz propuesto por Trump.

El segundo objetivo fue conseguir garantías de que Turquía, rival por la influencia regional, no formaría parte de la fuerza de seguridad internacional prevista para Gaza. En ambos asuntos, la respuesta del presidente fue ambigua.

Trump dejó claro que Hamas tenía “muy poco tiempo para desarmarse” y advirtió que, de no hacerlo, “se desataría un infierno”. Sin embargo, no condicionó expresamente la siguiente etapa de su plan de paz al desarme total de Hamas. En privado, funcionarios estadounidenses han indicado que planean lanzar la reconstrucción “en cuestión de semanas”, aunque reconocen que el desarme será un proceso mucho más prolongado.

Las declaraciones sobre Turquía resultaron especialmente decepcionantes para Netanyahu. Trump elogió al presidente turco Recep Tayyip Erdogan como “muy buen amigo” y dijo que aún se negocia la posible presencia de tropas turcas en Gaza. Aún más preocupante para Israel fue la posibilidad, mencionada por Trump, de vender cazas furtivos F-35 a Turquía, lo que podría erosionar la ventaja tecnológica de Israel en la región.

Netanyahu encontró cierto alivio en las afirmaciones enérgicas de Trump sobre Irán, que según Israel ha aumentado la producción de misiles balísticos desde la breve guerra de junio. Trump dijo que, si Irán intentara recuperar su posición, “los aplastaremos”, pero también expresó su preferencia por un acuerdo diplomático antes que por un nuevo ataque. En un almuerzo en Mar-a-Lago, Trump repasó los acuerdos de paz que atribuye a su gestión y se quejó de no recibir reconocimiento; Netanyahu trató de consolarlo diciendo que, aunque no logró un Nobel de la Paz, recibiría un reconocimiento de Israel por ayudar al pueblo judío. Sin embargo, si Trump considera que su trabajo ya está hecho, podría no ofrecer a Israel las garantías de seguridad que exige Netanyahu, pese a las posibles ventajas políticas que éste obtenga.

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