Principios de 2018, Buenos Aires. En el barrio de San Telmo se ve a una mujer de aproximadamente 70 años que recorre las veredas. Viste de forma pulcra y cuida su aspecto diariamente; suele peinarse y arreglarse cada mañana. No revela su nombre a quienes se le acercan y evita entablar conversación con los transeúntes. No pide dinero ni acepta limosnas; es amable con otras mujeres, aunque en ocasiones se la ha visto discutir con hombres que pasan cerca.
Tiene una rutina fija: desayuna en un bar de la Avenida Independencia, donde siempre paga su café y las dos medialunas que consume, solicitando el ticket correspondiente. Cuando habla se percibe un acento italiano con rasgos de otros idiomas. Físicamente se describe con ojos claros hundidos, rasgos angulosos, labios finos y cejas poco marcadas, con una mirada que sugiere haber vivido experiencias difíciles.
Aunque a simple vista puede parecer una persona cualquiera en situación de calle, algunos la identifican como Marcela Basteri, la madre del cantante Luis Miguel. Esta identificación circula entre quienes la han observado, pero no se presenta aquí como una confirmación definitiva de su identidad.


