22 de enero de 2026
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Irán en segunda semana sin Internet mientras crecen las víctimas de la represión

Irán permanece en su segunda semana consecutiva de apagón de internet, una medida impuesta por el régimen teocrático la noche del 8 de enero que, según organizaciones de monitoreo y de derechos humanos, busca limitar el flujo de información y ocultar la magnitud de la represión contra las protestas. Gran parte de la población permanece sin acceso a la red global y con la capacidad de comunicarse gravemente restringida.

NetBlocks, la organización que vigila la conectividad mundial, informó que el país completó 14 días de apagón a escala nacional.

Según el grupo en la red social X, “Irán ha estado bajo un bloqueo de internet a nivel nacional durante dos semanas completas”. Sus mediciones muestran niveles de conectividad casi planos, con solamente un leve aumento en redes autorizadas por las autoridades.

En días recientes, algunos usuarios lograron conexiones esporádicas a servicios externos, aunque de forma limitada y sin continuidad. NetBlocks indicó que unos pocos usuarios pueden establecer túneles hacia el exterior, sin detallar los métodos, y advirtió que el régimen estaría probando un sistema de “listas blancas” que permite solo sitios y servicios previamente aprobados.

El apagón comenzó la noche del 8 de enero, cuando una ola de protestas se extendió por varias ciudades. Las movilizaciones, iniciadas semanas antes por comerciantes afectados por la depreciación del rial, derivaron rápidamente en consignas contra la República Islámica y tuvieron sus mayores picos de protesta los días 8 y 9 de enero, acompañados de una fuerte respuesta de las fuerzas de seguridad.

Esta semana el régimen publicó por primera vez un balance oficial de víctimas. La Fundación de Mártires y Veteranos informó que 3.117 personas murieron durante las protestas, diferenciando entre “mártires” —categoría que incluyó a miembros de las fuerzas de seguridad y a civiles no vinculados a las protestas— y “alborotadores”, a quienes vinculó con Estados Unidos. De ese total, 2.427 fueron catalogados como “mártires”.

Organizaciones de derechos humanos cuestionan esas cifras y aseguran que la mayoría de las muertes se produjo por disparos directos de las fuerzas de seguridad contra manifestantes. Algunas estimaciones elevan el número de fallecidos por varios miles y advierten que la cifra real podría superar ampliamente la oficial. Además, denuncian que el apagón dificulta la recopilación de pruebas y la verificación independiente de los hechos.

Desde el corte, la población solo puede acceder a una red interna que ofrece servicios locales y medios oficiales de propaganda. Aplicaciones internacionales de mensajería y redes sociales, esenciales también para el comercio informal, quedaron fuera de servicio.

“Antes del corte de internet, mis ventas eran de unos 100 dólares al día”, contó Barbod, un comerciante de 39 años en Teherán que vendía café molido a través de Instagram.

“Dos semanas de desconexión me han costado 1.400 dólares”, agregó, y señaló que la situación también lo afectó a nivel personal por la incertidumbre sobre la continuidad de su negocio.

Situaciones similares se repiten en distintos sectores. Un empleado de un café en el norte de Teherán dijo que los pedidos en línea —su principal fuente de ingresos— cayeron de forma abrupta. Aunque existen aplicaciones locales para pedidos, los sistemas de pago registran fallos. “Si las ventas no se recuperan, los dueños podrían reducir el personal”, advirtió.

Medios estatales como la agencia IRNA reconocieron el impacto económico del apagón y recogieron quejas de ciudadanos que describen negocios “al borde de la parálisis”, con cadenas de suministro interrumpidas y comunicaciones internacionales bloqueadas.

El régimen sostuvo que el costo económico es menor de lo que parece y afirmó que algunas grandes empresas mantienen acceso a internet global mediante direcciones IP fijas.

Pese a esas afirmaciones, no existe una fecha clara para la restitución del servicio. El viceministro del Interior, Ali Akbar Pourjamshidian, admitió que “no está claro cuándo se restaurará el acceso”. Además, la intermitencia del sistema GPS y errores de localización complican el transporte en una ciudad de más de 13 millones de habitantes.

(Con información de EFE y AFP)

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