25 de enero de 2026
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Metro de Tokio: puntualidad, limpieza y respeto

El Metro de Tokio es tanto un emblema de modernidad y eficiencia como el primer sistema de transporte subterráneo de Asia. Desde su apertura en 1927, se ha convertido en una red esencial para la vida cotidiana de la capital japonesa y en un referente de planificación urbana a escala global.

Una visión inspirada en Londres

Según su sitio oficial, la idea del Metro de Tokio surgió gracias a Noritsugu Hayakawa, un empresario que, tras visitar el metro de Londres, propuso crear un sistema similar en Japón. El 30 de diciembre de 1927 se inauguró el primer tramo de la Línea Ginza, que conectó las estaciones de Ueno y Asakusa.

La novedad despertó gran interés entre la población: miles de personas acudieron a conocer el novedoso “tren bajo las casas”, formando largas filas para realizar viajes de pocos minutos. Ese inicio marcó el comienzo de una transformación en el transporte urbano de Tokio que, casi un siglo después, dio lugar a una de las redes más amplias y sofisticadas del mundo.

Desde sus inicios, el Metro de Tokio se diseñó con un marcado énfasis en la eficiencia y la organización. Ese enfoque fundacional sirvió de base para una red que conecta puntos estratégicos en una de las metrópolis más densamente pobladas del planeta.

Una red gigantesca

Hoy en día, el Metro de Tokio está gestionado en gran parte por Tokyo Metro, que opera nueve líneas y 180 estaciones. Según datos como los de Japan Travel, la longitud total de los túneles alcanza unos 195,1 kilómetros, lo que facilita recorrer la ciudad de un extremo a otro con rapidez y mantiene la movilidad de millones de usuarios diariamente. El sistema actúa como columna vertebral del transporte en Tokio, donde la puntualidad y la eficiencia son valores centrales.

Una característica notable para quienes lo visitan es la limpieza y la precisión en los horarios: las formaciones suelen cumplir los itinerarios con exactitud, lo que genera confianza y previsibilidad. El servicio también está pensado para ser accesible a quienes no hablan japonés: cada línea tiene un color y una letra distintivos, y las estaciones están numeradas para facilitar la orientación.

Entre las particularidades destaca la figura de los “Oshiya” o empujadores, empleados que, en las horas punta, ayudan a acomodar a los pasajeros en los vagones para permitir el cierre de las puertas y mantener la fluidez del servicio.

Más que transporte: cultura, tecnología y resiliencia

El Metro de Tokio ofrece más que desplazamientos: es una experiencia cultural y tecnológica. En muchas estaciones se encuentran máquinas expendedoras, tiendas de alimentos tradicionales y locales de conveniencia, lo que convierte los trayectos en oportunidades para conocer la gastronomía y el comercio local.

La red también se distingue por su capacidad de adaptación ante situaciones extremas. A lo largo de su historia ha resistido terremotos y períodos de conflicto, renovándose y adoptando tecnologías avanzadas para mejorar la seguridad y la resistencia de la infraestructura.

El éxito del sistema se apoya además en una cultura ciudadana basada en el respeto y la responsabilidad: la puntualidad, el orden en los andenes y el cuidado de los espacios públicos son prácticas habituales. Esa actitud colectiva demuestra cómo la consideración por el tiempo ajeno y la atención al detalle pueden convertir la movilidad urbana en una experiencia más eficiente y armoniosa.

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