El 25 de enero de 1890, la estación de Jersey City recibió a una multitud expectante que aclamaba a una joven de mirada vivaz y paso resuelto: Nellie Bly había regresado después de dar la vuelta al mundo en tiempo récord. Había partido el 14 de noviembre de 1889 con una pequeña maleta y una determinación que le permitió desafiar distancias, climas, fronteras y los prejuicios de su época.
La iniciativa de Bly estuvo inspirada por la novela La vuelta al mundo en ochenta días, de Julio Verne, y su objetivo fue demostrar que el recorrido era posible en menos tiempo y en solitario. A lo largo del trayecto, envió telegramas y crónicas al New York World que mantuvieron en vilo a sus lectores y a su editor, Joseph Pulitzer, mientras la seguían paso a paso.
El viaje no solo constituyó un reto cronológico, sino también un gesto contra las limitaciones sociales impuestas a las mujeres. Bly afrontó condiciones marítimas adversas, trayectos agotadores y barreras culturales, y al volver convirtió su hazaña en un símbolo de independencia que contribuyó a redefinir el papel de la mujer en el periodismo y en la sociedad.
De periodista a aventurera
Elizabeth Jane Cochran, conocida como Nellie Bly, nació en 1864 en Cochran’s Mills, Pensilvania. Proveniente de una familia numerosa y con recursos modestos, desde joven mostró carácter independiente. Adoptó la forma Cochrane en la adolescencia y aspiró a la enseñanza, pero debió interrumpir sus estudios por problemas económicos tras la muerte de su padre.
Ante esas dificultades, buscó oportunidades laborales y desarrolló un fuerte sentido de autonomía. Su trayectoria temprana estuvo marcada por la voluntad de alcanzar independencia económica y cultural en un contexto que limitaba las opciones para las mujeres.
El periodismo llegó casi por azar: tras responder a una columna sexista en el Pittsburgh Dispatch con una carta firmada como “Little Orphan Girl”, fue invitada a colaborar en el diario y adoptó el seudónimo Nellie Bly. En sus artículos abordó la vida de las trabajadoras y las desigualdades de género, construyendo una voz crítica y comprometida.
Su carrera dio un salto en Nueva York, cuando se incorporó al New York World, dirigido por Joseph Pulitzer. Allí dejó las crónicas domésticas y se especializó en investigaciones encubiertas y reportajes de alto impacto, anticipando prácticas del periodismo de investigación y de acción.
Una de sus investigaciones más relevantes fue Diez días en un manicomio, en la que se hizo internar de manera encubierta para documentar abusos y negligencias en un hospital psiquiátrico femenino. El reportaje tuvo gran repercusión y se considera un hito temprano del periodismo investigativo en Estados Unidos.
Posteriormente propuso a Pulitzer circunnavegar el mundo para batir el tiempo ficticio de Phileas Fogg, con la doble intención de lograr un reto periodístico y demostrar que una mujer podía realizar semejante empresa. Pulitzer, consciente del impacto mediático, apoyó la iniciativa.
El viaje récord
“Sentarse en silencio en cubierta con las estrellas como única iluminación…”, escribió Bly sobre la travesía que comenzó el 14 de noviembre de 1889 desde Hoboken, Nueva Jersey, a los 26 años. Desde entonces convirtió cada día en una carrera contrarreloj, organizando desplazamientos, reservando pasajes y enviando informes diarios al periódico.
Utilizó barcos de vapor para cruzar océanos, trenes en Europa y diversos medios locales en Asia, como rickshaws y monturas, enfrentando complicaciones logísticas, retrasos, enfermedades y dificultades idiomáticas. En puertos clave como Suez, Bombay y Hong Kong tuvo que planificar alternativas y adaptarse continuamente.
La periodista gestionó personalmente todos los aspectos del viaje, sin asistentes ni escoltas, lo que subrayó su autonomía en una época en que ese comportamiento era poco habitual para una mujer viajera.
El cansancio y la soledad fueron constantes, y Bly contó en sus crónicas noches incómodas en trenes y mareos en alta mar. Pese a ello, mantuvo el ritmo frente a imprevistos y a la competencia de Elizabeth Bisland, enviada por la revista Cosmopolitan para realizar una travesía paralela.
El 25 de enero de 1890, tras 72 días, seis horas y once minutos, Nellie Bly regresó a Nueva York, superando la marca imaginada por Verne y las expectativas iniciales del periódico.
Tras casarse con el industrial Robert Seaman dejó el periodismo durante diecisiete años; más tarde volvió a la actividad, trabajó como corresponsal durante la Primera Guerra Mundial y desarrolló labores como inventora y empresaria. Sus últimos años estuvieron marcados por dificultades financieras después de la muerte de su esposo. Falleció en Nueva York el 27 de enero de 1922, a los 57 años, a causa de una neumonía. Su legado permanece como ejemplo de audacia, innovación y compromiso con temas sociales.


