25 de enero de 2026
Buenos Aires, 23 C

Rojava: utopía kurda entre caos y contradicciones

.responsive {
width: 100%;
height: auto;
}

En enero de 2026 el noreste de Siria volvió a quedar bajo el control del gobierno central, pero ese retorno significó el fin del experimento político del Rojava. La Administración Autónoma del Norte y Este de Siria —nacida en 2012— perdió su autonomía cuando sus milicias fueron obligadas a integrarse en el ejército estatal y sus estructuras de autogobierno se disolvieron. El cambio no fue el resultado de una única batalla decisiva sino de una implosión política: las tribus árabes que sostenían gran parte de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) se pasaron al bando de Damasco, atraídas por la promesa de reincorporación al Estado sirio. En cuestión de dos semanas el 90% del territorio controlado por las autoridades kurdas cambió de manos, mientras Estados Unidos reducía su apoyo y las tensiones internas del proyecto se revelaban insalvables.

El avance gubernamental comenzó el 6 de enero de 2026 y, según analistas como Charles Lister del Middle East Institute de Washington, produjo un colapso operativo casi total de las fuerzas kurdas al arrebatarles en menos de dos semanas la mayor parte de su territorio, incluidas ciudades clave como Raqqa y Deir ez-Zor.

Una oportunidad en medio del desastre

El Rojava surgió en 2012, cuando el vacío dejado por el repliegue de las fuerzas del régimen permitió al Partido de la Unión Democrática (PYD) y a las milicias YPG/YPJ establecer una administración alternativa. Inspirada en las ideas de Abdullah Öcalan, la experiencia combinó estructuras comunales, políticas de igualdad de género y un rechazo al Estado-nación convencional. La defensa de Kobane en 2014 contra el Estado Islámico elevó el perfil del proyecto y consolidó la alianza con la coalición liderada por Estados Unidos. Las FDS, formadas en 2015, llegaron a controlar cerca de un tercio del país, incluidos ricos yacimientos petroleros y las reservas agrícolas de la región de Jazira.

Sin embargo, la expansión a territorios de mayoría árabe, impulsada por socios occidentales para combatir al Estado Islámico, dejó a los kurdos administrando poblaciones que no siempre los aceptaban. Como explicó el académico Cédric Labrousse en L’Opinion, muchas tribus árabes prefirieron aliarse con Damasco cuando surgió la opción de reintegrarse al Estado.

El reverso de la utopía

Detrás de la imagen idealizada del Rojava existían contradicciones profundas: denuncias de autoritarismo, censura y prácticas coercitivas documentadas por organizaciones como el Centro Sirio para los Medios y la Libertad de Expresión. Investigaciones periodísticas señalan que el poder efectivo no siempre residía en las estructuras civiles declaradas, sino en una red paralela de cuadros vinculados al PKK que controlaban la seguridad y los ingresos petroleros. Faris Zwirahn, en New Lines Magazine, documentó cómo esa concentración de poder y la ausencia de autoridad local real minaron la legitimidad del proyecto entre la población árabe.

La dependencia de recursos fósiles y del apoyo militar exterior, junto con prácticas centralizadas contrarias al discurso ecologista y participativo del proyecto, contribuyeron a su desgaste interno.

Colapso interno y traición

En la ofensiva de enero de 2026 las provincias de mayoría árabe fueron el escenario de una rápida defección de milicias tribales que habían formado parte de las FDS. Grupos como la Fuerza Sanadid facilitaron la toma de puntos estratégicos, y la llegada de líderes árabes dispuestos a negociar con Damasco ofreció a muchas tribus la posibilidad de volver al control estatal. Sin aliados árabes y con el respaldo militar internacional reducido, las milicias kurdas quedaron aisladas y fueron percibidas por amplios sectores locales como fuerzas ocupantes.

El abandono estadounidense

La retirada del respaldo estadounidense fue decisiva. El enviado especial de EE. UU. para Siria, Thomas Barrack, declaró el 20 de enero que Washington ya no veía a las fuerzas kurdas como el socio central para combatir al Estado Islámico y que Damasco era ahora un interlocutor válido. Ese giro —junto con la reincorporación de Siria a la Coalición Global contra el EI en 2025— alivió presiones internacionales sobre Damasco y facilitó su ofensiva. Observadores como el Instituto para el Estudio de la Seguridad Nacional (INSS) consideran que la política estadounidense priorizó la estabilidad con el gobierno central y las relaciones con Turquía por encima del mantenimiento de una autonomía kurda.

Derechos culturales, cero poder

Como contrapartida política, el gobierno promulgó un decreto que reconoce al pueblo kurdo como componente del Estado, oficializa su lengua y declara el Nowruz festividad nacional, concesiones simbólicas largamente reclamadas. Para varios analistas, entre ellos Fabrice Balanche, estas medidas son cosméticas: reconocen identidad cultural mientras se desmantela el poder territorial y militar kurdo. El acuerdo exige además la integración individual de combatientes en el ejército nacional tras revisiones de seguridad y la expulsión del territorio de milicianos extranjeros, medidas que desarticulan la cadena de mando de las FDS y plantean serios retos de cohesión.

Organismos como Chatham House advierten que la dispersión de combatientes kurdos entre unidades dominadas por grupos árabes puede generar tensiones internas en las Fuerzas Armadas sirias.

El espectro de la insurgencia

Analistas advierten que, aunque el proyecto autonómico ha colapsado en su forma institucional, el conflicto no ha desaparecido. La capitulación fue, según algunos expertos, la opción para evitar una catástrofe humanitaria inmediata, pero también deja abierta la posibilidad de una insurgencia kurda de larga duración si las condiciones de reintegración resultan insostenibles. Además, la transición y la fragmentación aumentan el riesgo de un resurgimiento del Estado Islámico, que podría beneficiarse del desorden. La situación sigue siendo inestable, los combates persisten en algunos puntos y el futuro político de la región dependerá de cómo se gestionen la seguridad, la reconciliación y la reconstrucción.

Artículo anterior

Experiencias paranormales de famosos: mano sin cuerpo y fantasma infantil

Artículo siguiente

72 días alrededor del mundo: la apuesta periodística de una mujer pionera

Continuar leyendo

Últimas noticias