Cuando la ciudad se oscurece y el ruido disminuye, muchas personas siguen despiertas no por insomnio, sino por una sucesión incesante de pensamientos que impiden el descanso.
Conversaciones pendientes, decisiones pequeñas o escenarios futuros imaginados conforman ese patrón de sobrepensamiento: un hábito silencioso y repetitivo que termina marcando la vida diaria.
Qué es el sobrepensamiento y por qué se instala en la vida diaria
Según la doctora Alejandra Gómez, psicoanalista y psiquiatra de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), el sobrepensamiento consiste en quedarse atrapado en un circuito de ideas reiterativas que paralizan la acción. No es una reflexión constructiva orientada a resolver problemas, sino una espera prolongada antes de decidir que impide avanzar.
Este patrón puede surgir por razones variadas: temor a equivocarse, inseguridad, miedo a lo desconocido, rasgos perfeccionistas y presión social. Esas causas pueden combinarse y no discriminan por edad, género o nivel socioeconómico.
El doctor Alberto Álvarez, vicepresidente del Capítulo de Psicoanálisis, Subjetividad y Comunidad de APA y APSA, vincula el sobrepensamiento con la ansiedad. Explica que la mente puede entrar en un ciclo obsesivo como mecanismo de defensa ante la incertidumbre y el estrés, alimentado por el perfeccionismo y la baja confianza en uno mismo.
Las consecuencias silenciosas: salud emocional y relaciones
El sobrepensamiento agota más que la mente: desconecta del presente y favorece la aparición de ansiedad, angustia y estrés. Afecta la espontaneidad, reduce la creatividad y genera un cansancio persistente que no cede con el descanso habitual.
Álvarez advierte que este patrón puede consolidarse como un modo de vida, dificultando la toma de decisiones, afectando vínculos y el rendimiento laboral, y provocando aislamiento o bloqueos en la relación con los demás.
Instituciones como la Cleveland Clinic señalan que tanto quienes se quedan anclados en recuerdos dolorosos como los que anticipan escenarios improbables sufren las consecuencias de la rumiación. Repetir pensamientos negativos no genera soluciones y suele aumentar la sensación de estar atrapado.
Estrategias para cortar el ciclo: de la psicoterapia a las técnicas cotidianas
Los especialistas recomiendan buscar ayuda profesional. Para Gómez, la psicoterapia permite identificar las causas subyacentes del sobrepensamiento y comprender el rol que cumple, lo que debilita su influencia sobre la vida mental.
Álvarez propone prácticas cotidianas que acompañan el tratamiento: detectar cuándo se está sobrepensando, cuestionar la utilidad de esos pensamientos y redirigir la atención hacia actividades concretas como caminar, leer, escribir o escuchar música, que ofrecen alivio y distracción saludable.
El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) recomienda técnicas como “catch it, check it, change it” (detectar, revisar y modificar) para identificar pensamientos poco útiles y sustituirlos por otros más realistas. También resultan útiles ejercicios de relajación, meditación y respiración.
La Cleveland Clinic sugiere reservar “períodos de preocupación” diarios para anotar inquietudes y distinguir entre lo que puede resolverse y lo que no, con el objetivo de limitar la rumiación y adoptar una actitud más proactiva.
La psicología contemporánea considera el sobrepensamiento como un síntoma de malestar, no como un defecto personal. Reconocerlo y pedir ayuda es un acto de cuidado; con acompañamiento adecuado es posible recuperar la conexión con el presente y volver a disfrutar de los momentos cotidianos, aun cuando la mente tienda a dar vueltas sobre lo mismo.


