En una reciente emisión del pódcast Huberman Lab, el neurocientífico Andrew Huberman conversó con su colega de la Universidad de Stanford, David Eagleman, sobre los alcances de la plasticidad cerebral. Eagleman sostuvo que los humanos nacen con un cerebro en desarrollo que luego es moldeado por el entorno y la cultura.
“El cerebro está en constante reconfiguración a lo largo de toda la vida”, subrayó Eagleman, señalando la enorme capacidad de adaptación de una red de miles de millones de neuronas. Esa plasticidad permite que cada experiencia, idioma y contexto social deje una huella, diferenciando a los seres humanos de otras especies y posibilitando el aprendizaje continuo.
La corteza cerebral, de apenas unos milímetros de espesor, puede especializarse en distintas funciones según los estímulos que reciba. El experto observó que una persona sería muy distinta si hubiera nacido hace 30.000 años, ya que el entorno define historias, lenguajes y modos de vida.
Especialización temprana y riesgos de la hiperespecialización
El diálogo abordó la tendencia a la especialización desde edades tempranas. Eagleman mencionó casos como las hermanas Williams en el tenis o las Polgár en el ajedrez, donde la exposición temprana facilita el alto rendimiento.
No obstante, advirtió sobre el sacrificio de otras capacidades. Por ejemplo, los niños criados en entornos multilingües pueden tener un vocabulario menor en cada idioma individual, pero ganan ventajas cognitivas por la diversidad de experiencias.
Ante esto, propuso promover un desarrollo integral: deportivo, intelectual y social. La posibilidad de explorar actividades variadas antes de elegir una trayectoria aumenta la versatilidad mental. “El verdadero valor está en diversificar los aprendizajes y exponer el cerebro a retos distintos”, afirmó.
Novedad como clave para la plasticidad durante toda la vida
Para conservar la plasticidad a lo largo del tiempo, el neurocientífico recomendó buscar la novedad. Abandonar tareas que ya no suponen un desafío y asumir nuevos retos mantiene activa la adaptación cerebral. Citó estudios en comunidades longevas en los que las personas con roles sociales activos y variedad de actividades mantienen habilidades cognitivas pese a lesiones cerebrales asociadas a la edad.
La sensación de frustración durante el aprendizaje, dijo Eagleman, indica que se activan mecanismos internos de cambio. “El cerebro solo deja de cambiar cuando cree que ya lo ha entendido todo. Por eso hay que desafiarlo constantemente”, agregó.
Contratos de Ulises: estrategias para el autocontrol
Uno de los conceptos destacados fue el de los “contratos de Ulises”: técnicas prácticas para alinear los objetivos del presente con los del yo futuro. Eagleman explicó que, al anticipar las situaciones en que solemos tomar malas decisiones, se pueden diseñar mecanismos preventivos, como bloquear dinero para evitar gastos impulsivos o asumir compromisos públicos que favorezcan el cumplimiento de una meta.
“El compromiso con el propio futuro nos distingue como humanos”, sostuvo. A la vez reconoció la constante tensión entre deseos inmediatos y metas a largo plazo, y enfatizó la utilidad de crear barreras o incentivos externos para anticipar debilidades personales.
Memoria con percepción del tiempo: sistemas maleables
Con amplia experiencia en estudios sobre la memoria, Eagleman advirtió que la memoria episódica es frágil y susceptible a distorsiones. Relató experimentos en los que recuerdos traumáticos o triviales se modifican con el tiempo. “Cada vez que evocamos una memoria la reescribimos, influidos por otras personas o por nuevas vivencias”, explicó.
Sobre la percepción del tiempo, afirmó que la atención y la novedad amplían la experiencia temporal: “Cuando vivimos algo novedoso o prestamos atención, el tiempo parece alargarse; si repetimos la rutina, se acorta”. Como práctica recomendó cambiar rutas habituales o modificar el entorno para introducir novedad y así alargar la sensación del tiempo vivido.
Plasticidad sensorial, tecnología y descanso
El especialista destacó la plasticidad de los sentidos y la capacidad del cerebro para reutilizar áreas sensoriales. Describió estudios en los que, ante la ceguera, la corteza visual se emplea para procesar información auditiva o táctil.
Además, señaló que la tecnología puede enseñar a percibir sonidos mediante vibraciones en la piel o estímulos en la lengua. La corteza cerebral, adaptable, procesa cualquier modalidad sensorial que reciba información, lo que abre posibilidades para dispositivos dirigidos a personas ciegas o para potenciar sentidos con herramientas innovadoras.
Una parte del programa se dedicó a la función de los sueños REM. Eagleman propuso que soñar protege la corteza visual impidiendo que otras funciones sensoriales ocuparan ese espacio durante el sueño. Explicó que las especies más plásticas duermen más tiempo en REM, sobre todo en la infancia, para preservar la capacidad visual, un proceso menos necesario en animales con desarrollo sensorial completo al nacer.
Polarización social y los mecanismos neuronales de pertenencia
En relación con la polarización social y política, Eagleman advirtió que los mecanismos cerebrales de pertenencia al propio grupo y rechazo al otro están profundamente arraigados.
Estudios con resonancia magnética muestran que las personas muestran mayor empatía hacia miembros de su grupo, lo que facilita la deshumanización del adversario. “La deshumanización es la herramienta más antigua de la propaganda para justificar extremos y violencia”, afirmó.
Como estrategia para contrarrestar la radicalización propuso fomentar relaciones entre grupos diferentes y una educación temprana basada en el pensamiento crítico. “Debemos entrenar a las nuevas generaciones para detectar estos mecanismos y no dejarse llevar por discursos que etiquetan a los demás como no humanos”, señaló.
David Eagleman cerró la charla con una visión optimista: cada persona llega al mundo con la capacidad de absorber el conocimiento acumulado y, gracias a la plasticidad cerebral, puede innovar y trazar caminos propios. La capacidad de reinventarse y adaptarse, concluyó, constituye una de las herencias evolutivas más relevantes de la especie.


