La ofensiva rusa contra la infraestructura energética ucraniana ha alcanzado su momento más crítico desde el inicio de la invasión. Según el alcalde Vitali Klitschko, este domingo permanecían sin calefacción 1.676 edificios residenciales en Kiev tras un ataque con misiles y drones ocurrido a principios de semana.
Los ataques coinciden con un desplome de las temperaturas en la capital, que bajan a doble dígito bajo cero, exponiendo a la población civil a condiciones de riesgo extremo en lo que se considera el invierno más severo desde el inicio de la guerra.
Desde la invasión de febrero de 2022, Moscú ha incrementado los bombardeos contra el sistema energético de Ucrania; la campaña invernal de 2026 marca un salto cualitativo en escala y sistematicidad. Los ataques buscan destruir la capacidad de generación eléctrica y los servicios de calefacción central que abastecen a millones en las principales ciudades.
El sábado, Rusia lanzó un amplio ataque que sacudió Kiev durante la noche y, según las autoridades ucranianas, dejó a 1,2 millones de viviendas sin electricidad en todo el país.
El presidente Volodimir Zelensky denunció que los principales objetivos de Rusia son el sector energético, la infraestructura crítica y los edificios residenciales. En un mensaje en la red social X, afirmó que solo en la última semana el régimen de Vladimir Putin lanzó más de 1.700 drones de ataque, más de 1.380 bombas aéreas guiadas y 69 misiles contra territorio ucraniano.
Zelensky advirtió que cualquier ataque masivo podría tener un impacto devastador sobre la ya dañada red energética del país. Las autoridades estiman que desde octubre de 2025 los bombardeos rusos han afectado 8,5 gigavatios de capacidad de generación, incluidas centrales térmicas e hidroeléctricas.
Gran parte de esa capacidad fue reparada y posteriormente atacada y destruida de nuevo, en un ciclo que ha llevado al sistema energético al borde del colapso. El Ministerio de Economía reconoció que proteger la infraestructura sería más barato que reconstruirla, pero Ucrania carece de suficientes sistemas de defensa aérea para detener las oleadas combinadas de misiles y drones.
El contexto geopolítico de los ataques cobró relevancia con la visita de Zelensky a Vilna este domingo, donde se reunió con los presidentes de Lituania y Polonia en el formato del Triángulo de Lublin. En la cumbre, el mandatario subrayó la necesidad urgente de reforzar la defensa aérea y el sistema eléctrico nacional con apoyo europeo.
La reunión forma parte de los esfuerzos diplomáticos de Kiev para obtener garantías de seguridad y asistencia técnica mientras enfrenta la cuarta campaña invernal desde el inicio de la invasión rusa.
Zelensky insistió en que todos los líderes deben comprender la amenaza que representa Rusia. Según él, la estrategia de Moscú combina presión militar en el frente con ataques sistemáticos a infraestructuras civiles destinados a minar la moral y reducir la capacidad de resistencia de la población.
Las temperaturas extremas agravan la crisis humanitaria en Kiev y otras ciudades, donde millones de personas llevan días sin luz, calefacción ni agua corriente como consecuencia de los bombardeos.
La situación energética ha obligado a prolongar los cortes de electricidad programados, que se aplican diariamente en todo el país para racionar la energía ante el déficit provocado por los ataques. El operador estatal Ukrenergo ha ordenado en varias ocasiones el cierre temporal del sistema eléctrico de ciudades enteras para evitar daños mayores, lo que ha dejado a amplias zonas de la capital sin calefacción, agua ni transporte público electrificado.
Las autoridades de Kiev han instalado cientos de tiendas de campaña por la ciudad donde la población puede calentarse y recibir alimentos y bebidas calientes. El alcalde Klitschko pidió a quienes tengan un lugar cálido al que ir que consideren abandonar la ciudad temporalmente, y reconoció que la recuperación del sistema de calefacción central resulta compleja mientras continúen las hostilidades. Polonia y otros países europeos han enviado generadores y equipos de calefacción, pero la ayuda sigue siendo insuficiente frente a la magnitud del desafío.

