28 de enero de 2026
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Bob Dylan: El tiempo como compañero y alma gemela

A lo largo de más de seis décadas, Bob Dylan ha sido símbolo de la transformación de la música popular, ampliando los límites entre canción, literatura y tiempo. Él mismo resumió su enfoque creativo en una entrevista con AARP The Magazine: la idea es lo que importa, y esa idea existe antes que el creador.

Esta idea —que la inspiración precede y trasciende al autor— ha orientado su carrera. A los 84 años habla abiertamente sobre el envejecimiento y la madurez: la pasión pertenece a la juventud, mientras que la edad pide más prudencia y sabiduría; dejar espacio a las nuevas generaciones evita dañarse intentando aparentar lo que ya no se es.

El paso del tiempo también modifica su concepción del arte. Dylan ha señalado que el proceso creativo es incontrolable y difícil de encerrar en explicaciones literales.

La felicidad y la satisfacción personal ocupan un lugar central en su reflexión. Al ser cuestionado sobre la felicidad, reconoció que no existe una felicidad permanente y que es difícil definirla: momentos de bienestar pueden darse, pero la vida está hecha de altibajos y el tiempo debe acompañar ese vaivén.

Ese tono reflexivo se mezcla con cierto escepticismo respecto a las expectativas sociales sobre las figuras de su generación: observó que muchas veces la gente se apaga o pierde fuerzas con el tiempo, en lugar de retirarse limpiamente.

La biografía de Dylan es la historia de sucesivas reinvenciones y de una propuesta que rechaza las etiquetas. Nacido en Hibbing, Minnesota, el 24 de mayo de 1941, pronto superó los límites de su entorno local.

Sobre su infancia recordó que el pueblo estaba alejado del núcleo cultural: un paisaje dominado por bosques, ríos y estaciones marcadas, con entretenimientos populares como circos, predicadores, bandas y programas de radio que definían la vida comunitaria.

Lejos de resultar limitante, esa distancia respecto a los centros culturales le ofreció un espacio propicio para la soledad, el descubrimiento y la originalidad.

En Nueva York buscó las huellas de Woody Guthrie y la tradición folk, y más tarde contribuyó a transformar el rock y la literatura musical. Su trayectoria muestra cómo la canción puede convertirse en forma poética mediante constantes rupturas y reencuentros.

En canciones como “Tangled Up in Blue”, incluida por Rolling Stone entre las 500 mejores canciones, exploró la superposición de tiempo y memoria: el pasado, el presente y el futuro conviven en la misma narración y la letra crea un código donde el sentido cronológico se diluye.

Con el tiempo, los reconocimientos consolidaron su leyenda. En 2016 la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura por haber creado “una nueva expresión poética dentro de la gran tradición de la canción estadounidense”.

Dylan recibió esa distinción con naturalidad, agradeciendo a la Academia por plantear y responder a la pregunta sobre si sus canciones podían considerarse literatura.

Guitarrista, poeta, cronista del espíritu estadounidense y nómada constante, Bob Dylan sigue produciendo obra sin atarse a certezas; para él, el cambio es un principio esencial y las respuestas permanecen, en cierto sentido, flotando en el viento.

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