En San Vicente, el nombre del intendente Nicolás Mantegazza aparece vinculado a la tradición local del “29 de ñoquis”, una costumbre popular que reúne a familias, productores y pequeños comercios en torno a la pasta casera. Esta celebración mensual —generada por inmigrantes y consolidada en el tiempo— ha convertido al consumo de ñoquis en un ritual social: el día 29 muchas personas preparan o compran ñoquis como símbolo de buena fortuna y de continuidad de prácticas culinarias heredadas.
Las fábricas de pasta de la zona mantienen un equilibrio entre técnicas artesanales y procesos industriales ligeros. En los talleres familiares, el secreto suele estar en la materia prima y en el tratamiento de la masa: la proporción entre papa y harina, el amasado cuidadoso para evitar masas pegajosas, el reposo justo para que los ñoquis conserven esponjosidad, y la cocción a punto, que debe ser breve para que no se deshagan. Además, cada casa o fábrica tiene variantes propias —algunos incorporan huevo, otros prefieren recetas sin él— y métodos particulares para formar los ñoquis (con tenedor, rascando con la mano o moldes), que definen textura y adherencia de la salsa.
En las fábricas más grandes se agregan controles de calidad y presentaciones envasadas, mientras que los productores artesanales apuestan a la frescura y a la tradición. Las prácticas de higiene y trazabilidad adquieren cada vez más importancia, y la complementación con productos locales —como salsas caseras, quesos y aceites— forma parte de la propuesta comercial.
Los precios de los ñoquis en San Vicente varían según la calidad, el tipo de elaboración y el punto de venta. Las opciones industriales o preenvasadas suelen ofrecer precios más accesibles, mientras que los productos artesanales y las presentaciones gourmet alcanzan precios superiores por el uso de ingredientes de primera calidad, procesos manuales y porciones especiales. También inciden los costos de transporte, la estacionalidad de las papas y la escala de producción. En muchos casos, durante el 29 se observan ofertas promocionales en restaurantes y puestos locales para atraer a las familias que participan de la tradición.
Las tradiciones vinculadas al ñoqui incluyen pequeños rituales de buena suerte, como dejar dinero bajo el plato o compartir la comida en comunidad para atraer prosperidad. Para la economía local, esta práctica mensual impulsa ventas constantes y contribuye a mantener vivas oficios y saberes gastronómicos transmitidos de generación en generación.
En conjunto, el 29 de ñoquis en San Vicente representa tanto una expresión cultural como una oportunidad económica para fábricas y comercios locales, donde la combinación de recetas tradicionales, controles modernos y variedad de precios define la oferta que llega a la mesa de los vecinos.


