Alfredo Barbieri quedó profundamente dolido al descubrir la traición de alguien muy cercano: Jorge Porcel, un viejo colega que había conocido a su hija desde que era bebé. Para Alfredo no fueron tanto los celos como la sensación de haber sido engañado por quien él consideraba parte de su entorno.
A mediados de los años setenta Carmen Barbieri iniciaba su carrera teatral al finalizar la adolescencia. Hija de Alfredo Barbieri, se abrió paso como vedette gracias a su belleza y presencia escénica. Por entonces Jorge “el Gordo” Porcel era uno de los principales capocómicos del país; aunque popular entre el público, en lo personal tenía fama de hosco, serio y autoritario.
Porcel se interesó por la joven Carmen: la visitaba en el Maipo, le regalaba libros y la instruía en distintos temas. Con el tiempo, Carmen se enamoró profundamente de él y comenzó un romance que sería intenso pero conflictivo. Entre los obstáculos estaban la diferencia de edad —Porcel era casi 20 años mayor— y su situación marital: el humorista estaba casado y tenía un hijo extramatrimonial de seis años, Jorge Porcel Jr. Además, Porcel mantuvo otros encuentros fuera de la relación y reiteradamente no cumplió la promesa de separarse de su esposa.
La familia de Carmen también se opuso al vínculo. Sus padres rechazaron a Porcel y criticaron su conducta pública, incluida la actitud de ocultarla o negarla en determinadas apariciones. Aun así, Carmen continuó la relación, convencida de que era su gran amor. Según testimonios, ella lo cuidó y su compañía lo llevó a una marcada pérdida de peso.
La historia cuenta que, en una llegada inesperada a su casa, Alfredo Barbieri encontró el auto de Porcel estacionado allí. En un arrebato, tomó un revólver y disparó contra el Mercedes del humorista, hiriendo la carrocería con seis impactos. Poco después, y tras casi cuatro años de relación clandestina, Porcel decidió volver con su esposa, poniendo fin al romance.
Años más tarde Carmen reconocería que, aunque fue su amor más importante, la relación con Porcel fue también dolorosa: lo definió como egoísta y mentiroso, señaló su afición por el dinero y contó que, pese a las ganancias del hombre, él no le había hecho regalos significativos. Con el paso del tiempo, Carmen buscaría consuelo en otra relación con el humorista Beto César. La historia del vínculo con Porcel sigue siendo recordada como un episodio intenso y conflictivo en la vida personal y profesional de los protagonistas.


