Donald Trump afirmó que Irán ha entablado contactos con su administración, en medio de varias semanas marcadas por advertencias y tensiones en la región del golfo Pérsico.
En declaraciones a Fox News, el presidente de Estados Unidos señaló que “Irán está hablando con nosotros” y mencionó el despliegue de importantes fuerzas navales estadounidenses cerca del territorio iraní como parte de la respuesta.
Añadió que “están negociando”.
Desde Teherán hubo mensajes tanto confrontativos como dialogantes. El presidente Masud Pezeshkian aseguró que la República Islámica “nunca ha buscado ni busca la guerra” y afirmó que un conflicto no beneficiaría ni a Irán, ni a Estados Unidos, ni a la región.
Ali Larijani, jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Irán, reconoció la existencia de contactos diplomáticos con Washington en medio de la tensión. Según IRNA, Larijani atribuyó la percepción de ausencia de diálogo a una “propaganda de guerra” y afirmó que existe un “marco de negociación”, sin detallar plazos ni condiciones.
En cuanto a las condiciones para un posible acercamiento, las posiciones siguen enfrentadas. IRNA reportó que el ministro de Relaciones Exteriores, Abás Araqchi, desde Estambul, sostuvo que Irán mantendrá y ampliará sus capacidades defensivas según sea necesario. Araqchi señaló que cualquier acuerdo debería excluir la capacidad defensiva y el desarrollo de misiles balísticos iraníes del proceso de negociación, y que las conversaciones deben realizarse sin presiones ni amenazas. Estados Unidos, por su parte, exige la suspensión del programa de misiles iraní como condición previa y mantiene el régimen de sanciones, postura que Teherán no acepta y vincula cualquier avance a un levantamiento previo de sanciones.
La dimensión militar también cobró impulso. The New York Times informó que el portaaviones estadounidense Abraham Lincoln opera en el mar Arábigo acompañado de buques con misiles Tomahawk, así como de cazas F-35 y aviones F/A-18. Este grupo naval, bajo el control del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), dispone de capacidad de respuesta rápida ante objetivos en Irán, con el propósito de disuadir a Teherán y proteger rutas comerciales estratégicas.
El Comando Central advirtió que no tolerará maniobras “inseguras” por parte de la Guardia Revolucionaria de Irán, en especial durante ejercicios en el estrecho de Ormuz, un punto clave para el tránsito energético mundial. Estados Unidos considera peligrosos los sobrevuelos cercanos a sus buques y las aproximaciones agresivas de embarcaciones iraníes, ya que aumentan el riesgo de enfrentamientos y la inestabilidad regional.
En respuesta, la Guardia Revolucionaria llevó a cabo ejercicios navales de dos días con fuego real en el estrecho de Ormuz para reforzar su defensa. Según IRNA, estas maniobras se realizaron poco después de que la fuerza fuera incluida por Estados Unidos y la Unión Europea en una lista de “organizaciones terroristas”, una calificación que Irán rechaza.
Paralelamente, actores regionales han intensificado esfuerzos diplomáticos para evitar una escalada militar. El primer ministro y canciller de Qatar, Sheikh Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, visitó Teherán en busca de reducir tensiones. Líderes de Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita también han reforzado gestiones diplomáticas, y la llegada de un destructor estadounidense al puerto israelí de Eilat confirma un incremento de la presencia militar internacional en una zona clave para el transporte de petróleo y gas.
La tensión en el estrecho de Ormuz ejerce presión sobre el comercio energético global, dado que gran parte del tránsito internacional de crudo atraviesa ese corredor estratégico. Un incidente en la zona tendría serias repercusiones para la estabilidad regional y el suministro mundial de energía.
En su política interna, Irán mantiene como prioridad el avance científico y tecnológico y la defensa de su programa nuclear. Las autoridades de Teherán insisten en que no cederán en esos ámbitos frente a amenazas externas.
Ante el riesgo de un conflicto, los dirigentes iraníes advirtieron sobre las consecuencias de un error de cálculo, tanto para los actores locales como para las alianzas internacionales, y señalaron que la inestabilidad podría ampliarse más allá de las fronteras regionales.


