4 de febrero de 2026
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Estados Unidos atacó al Estado Islámico en Siria

Estados Unidos efectuó cinco ataques de precisión contra posiciones del grupo terrorista Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) en territorio sirio entre el 27 de enero y el 2 de febrero, confirmó el Comando Central de las Fuerzas Armadas (Centcom). Las operaciones, que emplearon 50 municiones de precisión lanzadas desde aviones, helicópteros y drones, destruyeron un centro de comunicaciones, un nodo logístico crítico y varios depósitos de armas en áreas del centro del país.

Las acciones forman parte de la Operación Ojo de Halcón, campaña militar anunciada el 19 de diciembre de 2025 por orden del presidente Donald Trump. La ofensiva respondió directamente al ataque del 13 de diciembre en Palmira, provincia de Homs, que causó la muerte de dos soldados de la Guardia Nacional de Iowa —William Howard y Edgar Torres Tovar— y de un intérprete civil estadounidense. El primer conjunto de ataques alcanzó más de 70 objetivos en el centro de Siria con apoyo de Jordania.

El comandante del Centcom, Brad Cooper, afirmó que los ataques reflejan “nuestro enfoque y determinación constantes para prevenir el resurgimiento de Estado Islámico en Siria”. Según el comunicado oficial, las fuerzas estadounidenses actuaron en coordinación con aliados de la coalición internacional para “garantizar la derrota definitiva de la red terrorista”.

Los bombardeos se produjeron en un momento sensible de la transición política siria. El nuevo gobierno, encabezado por Ahmed al Shara tras la caída del régimen de Bashar al Assad en diciembre de 2024, está asumiendo el control de territorios que durante años administraron las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), la milicia kurda que fue aliada clave de Washington en la lucha contra ISIS.

Estados Unidos mantiene aproximadamente 900 soldados reconocidos oficialmente en Siria, aunque informes recientes del Pentágono indican que la cifra real supera los 2.000 efectivos. Las tropas se concentran en bases estratégicas como Al Omar y Al Shaddadi, en el noreste, y en la guarnición de Al Tanf, cerca de las fronteras con Irak y Jordania.

La transferencia progresiva de territorios del noreste sirio al gobierno central de Damasco genera preocupación internacional sobre el destino de miles de presuntos combatientes de ISIS detenidos en prisiones bajo control kurdo. Irak inició esta semana procedimientos judiciales contra unos 1.400 sospechosos transferidos desde Siria, en el marco de un plan para reubicar hasta 7.000 prisioneros vinculados al grupo yihadista. La operación fue acordada entre Bagdad y Washington tras la decisión estadounidense de reducir el apoyo a las FDS.

Estado Islámico, que entre 2014 y 2017 controló extensos territorios en Siria e Irak donde vivían alrededor de seis millones de personas, perdió su último bastión territorial en marzo de 2019. No obstante, el grupo ha demostrado capacidad de reorganización mediante células durmientes que operan en zonas de inestabilidad política. El vacío de poder tras la caída de Assad y los enfrentamientos entre las nuevas autoridades y las milicias kurdas han creado condiciones propicias para intentos de resurgimiento yihadista.

Estados Unidos, Francia, Alemania y Reino Unido advirtieron la semana pasada sobre el riesgo de que vacíos de seguridad durante la transferencia de prisiones faciliten la reorganización de ISIS. Ese riesgo se materializó el 19 de enero, cuando varios detenidos escaparon de un centro de internamiento en Hasaka durante combates entre fuerzas kurdas y sirias; algunos siguen en paradero desconocido.

Analistas coinciden en que Estado Islámico conserva células operativas en Siria, especialmente en las provincias de Homs y Deir Ezzor. Desde la caída de Assad, las fuerzas estadounidenses y sus aliados han capturado o eliminado a 25 presuntos miembros del grupo en territorio sirio, según datos de Centcom.

La Operación Ojo de Halcón representa la continuidad de la estrategia militar estadounidense en Siria bajo la segunda administración Trump, que mantiene tropas en el país pese a la reconfiguración política. El enviado estadounidense para Siria, Tom Barrack, reiteró que las fuerzas desplegadas tienen como objetivo concluir la misión contra ISIS y capacitar a fuerzas locales para combatir el terrorismo.

Las operaciones aéreas estadounidenses en Siria han generado tensiones con Rusia e Irán, que consideran ilegal la presencia militar de Washington en territorio sirio. Moscú y Teherán mantienen lazos estratégicos con el nuevo gobierno sirio, aunque la dinámica regional se ha reconfigurado tras la caída de Assad.

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