14 de febrero de 2026
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Fallar para crecer

Cambiar el diálogo interno y mantener la motivación ante situaciones difíciles convierte el fracaso en una herramienta valiosa para la salud mental, según la revista GQ.

Más que un tropiezo, el error puede impulsar el cambio y el autoconocimiento si se adopta una actitud abierta y reflexiva.

Éxito y perfeccionismo: romper el ciclo

La presión por alcanzar el éxito suele vincularse con la idea de felicidad y fomenta el perfeccionismo, lo que lleva a muchas personas a evitar equivocarse. GQ advierte que esa postura puede ser contraproducente porque impide explorar alternativas y limita el crecimiento personal.

La búsqueda obsesiva de logros puede generar ansiedad, frustración y resistencia al cambio, dificultando el aprendizaje auténtico.

Superar la creencia de que solo el éxito garantiza el bienestar permite valorar la incertidumbre y la experimentación. Romper la rutina y permitirse probar cosas nuevas abre la puerta a descubrimientos y aprendizajes que no surgen cuando se busca únicamente la perfección. Esta apertura es clave para construir una vida más plena y flexible ante los desafíos.

Miedo y acción: claves para avanzar

El miedo es un obstáculo central para el desarrollo personal. GQ señala que “las personas valientes actúan incluso estando aterradas”, subrayando que la valentía consiste en avanzar pese al temor, no en la ausencia de este.

El temor al fracaso puede paralizar y alimentar una visión negativa de uno mismo, pero enfrentarlo de forma consciente es el primer paso para reducir su influencia.

Aceptar el miedo y actuar permite romper barreras autoimpuestas y facilita el acceso a nuevas oportunidades. Este proceso no solo impulsa el crecimiento personal, sino que también fortalece la capacidad de adaptación frente a escenarios inciertos.

La experiencia muestra que quienes se atreven a actuar pese a sus temores desarrollan mayor confianza y resiliencia.

Salir de la zona de confort

Emprender actividades desconocidas, aun con el riesgo de equivocarse o ser juzgado, es un paso fundamental para alcanzar objetivos personales y profesionales.

El error, en lugar de ser una señal de debilidad, amplía los límites y favorece la innovación. Esta disposición a salir de la zona de confort facilita el aprendizaje continuo y la evolución constante.

La verdadera valentía está en permitirse fallar y en considerar los errores como parte natural del proceso de aprendizaje. Así, cada tropiezo puede revelar capacidades ocultas y fortalecer la resiliencia; el fracaso deja de ser un final y se convierte en el inicio de nuevas etapas.

El impacto de los hábitos diarios

Los hábitos cotidianos influyen decisivamente en la mentalidad. GQ sostiene que los pequeños actos y pensamientos repetidos inciden más en el progreso que las circunstancias externas, porque moldean la actitud frente a los desafíos. La constancia en prácticas positivas refuerza la autoestima y la motivación a largo plazo.

Cambiar el lenguaje interior y priorizar mensajes constructivos ayuda a sostener la motivación incluso ante dificultades. Este cambio de perspectiva puede ser la diferencia entre avanzar o permanecer inmóvil, ya que afecta directamente la forma de afrontar los retos. Un diálogo interno alentador facilita enfrentar la adversidad con mayor determinación.

Límites autoimpuestos: el freno invisible

Las limitaciones personales, muchas veces alimentadas por excusas o dudas sobre la propia capacidad, impiden iniciar proyectos o probar nuevas experiencias. Al descartar actividades antes de intentarlas se restringe el desarrollo y se reduce el acceso al éxito. Muchas personas abandonan intereses o metas por creer, sin evidencia, que no lograrán destacarse.

Superar estas barreras internas requiere reconocer que el crecimiento surge de la exposición a lo desconocido y de la disposición a equivocarse. Solo así es posible abrirse a nuevos horizontes y potenciar el desarrollo personal. Asumir desafíos sin autoboicot es un paso clave hacia una vida más rica y satisfactoria.

Aprender de los errores: una estrategia para el bienestar

GQ remarca: “No pasa nada por fallar; el fracaso puede ser beneficioso porque nos enseña lecciones reales”.

El fracaso aporta información útil que orienta decisiones futuras y facilita la innovación. Integrar los errores como parte natural del proceso permite construir una mentalidad flexible y resiliente, esencial para el bienestar mental.

Reconocer el aprendizaje que surge tras cada caída ayuda a desarrollar una visión más realista y esperanzadora sobre el propio potencial.

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