Estudiantes de varias universidades de Teherán volvieron a salir a las calles este lunes para protestar contra el régimen iraní, en la tercera jornada de manifestaciones desde la represión de enero.
Testigos y videos verificables muestran concentraciones en la Universidad de Sharif, la Universidad de Teherán y Al-Zahra, donde los jóvenes corearon consignas contra los ayatolás, exhibieron banderas del exmonarca Reza Pahlavi y, en algunos casos, se enfrentaron con miembros de la milicia paramilitar Basij.
“Queremos recuperar Irán, ¡basta de opresión!”, corearon manifestantes en Al-Zahra, donde estudiantes y profesoras se reunieron para expresar apoyo a la monarquía en el exilio y reclamar derechos civiles y libertades políticas.
En la Universidad de Sharif, los alumnos se concentraron frente a la cafetería central, ondeando una bandera con el emblema del león y el sol y entonando el lema “Mujer, vida, libertad”, vinculado a las protestas de 2022.
En la Universidad de Teherán, la manifestación surgió durante un homenaje a un estudiante fallecido en protestas previas; según testigos, los asistentes pidieron la caída del régimen y censuraron al Líder Supremo, ayatollah Ali Khamenei.
Contrario a otras ocasiones, en ese campus los guardias no intervinieron, aunque se registraron enfrentamientos aislados en otros recintos con miembros de la Basij, que intentaron dispersar a los manifestantes.
El contexto se tensiona además por factores internacionales: Estados Unidos trasladó a familiares y personal no esencial desde su embajada en Beirut y el presidente Donald Trump advirtió que “cosas realmente malas pasarán” si Irán no responde a las exigencias sobre su programa nuclear y su influencia regional.
La presencia del portaaviones USS Gerald R. Ford en el Golfo Pérsico aumenta la presión sobre Teherán, mientras prosiguen en Ginebra las negociaciones indirectas sobre el programa nuclear iraní.
Los choques y las protestas estudiantiles forman parte de un clima de creciente descontento social; las manifestaciones de enero, motivadas por la caída de la moneda y las sanciones, dejaron un saldo elevado de muertos.
La Agencia de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, reportó al menos 7.015 fallecidos, incluidos 214 miembros de las fuerzas de seguridad, mientras que las autoridades iraníes reconocen 3.117 víctimas; las restricciones a las comunicaciones dificultan la verificación independiente de las cifras.
En Al-Zahra, algunas estudiantes quemaron banderas del régimen y portaron pancartas con mensajes favorables a la monarquía.
“Es nuestra responsabilidad levantar la voz, aunque nos amenacen con detenciones”, dijo una estudiante que pidió anonimato por seguridad.
La dinámica de las protestas se entrelaza con la presión diplomática y militar externa; mientras Estados Unidos sopesa medidas más severas, incluida la posibilidad de ataques a instalaciones iraníes, la crisis económica y política interna continúa minando la autoridad de Khamenei.
Analistas sostienen que la combinación de movilización interna, respaldo a la monarquía en el exilio y vigilancia internacional sitúa a Irán en un punto crítico.
La persistencia de las movilizaciones estudiantiles indica que el descontento social no se ha contenido y que cualquier negociación externa deberá considerar la presión interna y el riesgo de nuevos estallidos de violencia.
Hasta ahora, las protestas estudiantiles han servido para visibilizar la inconformidad y consolidarse como un símbolo de resistencia frente a la autoridad del Líder Supremo, evidenciando que el régimen afronta una de sus crisis más profundas en décadas.
(Con información de Reuters y The Associated Press)

