Las tensiones entre Pakistán y el Talibán afgano han escalado a un enfrentamiento abierto tras una serie de ataques transfronterizos que han causado centenares de muertos y aumentan el riesgo de desestabilización regional.
El ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, afirmó que la “paciencia” de su país se había acabado ante las acciones del gobierno talibán en Afganistán y describió la situación como una “guerra abierta”, según informó CNN.
El viernes por la mañana, Pakistán informó haber destruido 73 posiciones talibanes y capturado más de una docena de sitios a lo largo de la frontera. La ofensiva, denominada “Operación Furia Justa” (Ghazab Lil Haqq), incluyó ataques aéreos sobre Kabul, la provincia de Paktia y Kandahar —considerada el centro espiritual del Talibán y residencia de su líder Hibatullah Akhundzada—. Según autoridades pakistaníes, los ataques se dirigieron a instalaciones de defensa afganas.
Los enfrentamientos recientes comenzaron la noche del jueves, cuando fuerzas talibanes atacaron posiciones pakistaníes distribuidas a lo largo de los 2.575 kilómetros de frontera, cuyo trazado sigue siendo objeto de disputa. Funcionarios afganos sostienen que esos ataques fueron una represalia por bombardeos pakistaníes del fin de semana anteriores en supuestos campamentos militantes, en los que murieron al menos 18 personas.
Cifras dispares y temor en la población civil
El viernes por la tarde, el ejército pakistaní afirmó haber matado a 274 combatientes talibanes afganos y herido a 400, cifras que contrastan con el informe de las autoridades afganas, que señalaron ocho soldados fallecidos en el mismo episodio. CNN advirtió que no pudo verificar de forma independiente estos datos debido a la inaccesibilidad de la región en conflicto.
En el distrito de Bajaur, al noroeste de Pakistán, un proyectil disparado por fuerzas talibanes afganas impactó una vivienda civil, hiriendo a cinco personas, entre ellas dos menores y una mujer, según el oficial de policía Fazal Akbar. Además, el ministro de Información paquistaní, Attaullah Tarar, indicó que militantes del Talibán pakistaní intentaron lanzar ataques con drones desde el noroeste, acción que fue frustrada por sistemas antidrone del ejército.
La situación generó miedo entre la población civil. Una residente de Kabul, citada por CNN de forma anónima por motivos de seguridad, relató que su familia fue despertada por una fuerte explosión: “Estábamos aterrorizados. Luego escuchamos disparos. Al mirar por la ventana vimos llamas cruzando el cielo”. Dijo que el temor les impidió dormir y que muchas viviendas mantuvieron las luces encendidas por miedo a nuevos ataques aéreos.
Desde Pakistán, Muhammad Ullah, vecino del distrito de Baizai, describió una sucesión de explosiones que se prolongó desde la noche del jueves hasta la mañana.
Escalada tras la retirada de Estados Unidos y tensiones cambiantes
La relación entre ambos países es de larga data y compleja. Tras la caída del Talibán en 2001, Pakistán se convirtió en un respaldo importante para la insurgencia contra el gobierno afgano apoyado por Estados Unidos, un factor relevante en el conflicto que llegó a ser la guerra más prolongada en la historia estadounidense.
Con la retirada de Estados Unidos y el regreso del Talibán afgano al poder en 2021, Pakistán registró un aumento notable de la violencia islamista en su territorio. Islamabad responsabiliza al Talibán pakistaní de buena parte de esos ataques y acusa a Kabul de ofrecerles refugio.
CNN informó que más de 1.200 personas —entre militares y civiles— murieron en ataques insurgentes dentro de Pakistán en 2025, el doble de lo registrado en 2021 tras la retirada estadounidense y el retorno del Talibán al gobierno en Kabul.
Según datos compartidos con CNN por las fuerzas armadas paquistaníes, muchos de esos atentados se perpetraron con armas de fabricación estadounidense abandonadas durante la retirada. El Talibán afgano niega que albergue a líderes o combatientes de su rama pakistaní.
En noviembre, el ministro de Defensa Asif afirmó que varios miembros destacados del Talibán afgano mantienen propiedades y familias en Pakistán. Al ser consultado sobre si el actual aumento de la violencia podría considerarse un efecto de esa relación histórica, respondió: “Sí, lo creo”.
En publicaciones recientes en redes sociales, Khawaja Asif acusó a Afganistán de “reunir a todos los terroristas del mundo y exportar terrorismo”, además de privar a su población de derechos humanos. “Nuestra paciencia ha terminado”, escribió en la red X, y añadió: “Ahora es una guerra abierta entre nosotros y ustedes”.
El poderío militar de Pakistán frente al Talibán
El informe “Military Balance 2025” del International Institute for Strategic Studies (IISS) señala una diferencia clara en capacidades. Pakistán dispone de un ejército fortalecido por décadas de influencia política, considerado la institución más poderosa del país. Además de su arsenal nuclear, cuenta con fuerzas de tierra, marina, aérea y cuerpos de infantería de marina, con 660.000 efectivos activos y casi 300.000 adicionales entre unidades paramilitares y policiales.
Este contingente está equipado con material moderno, incluidos aviones F-16 de fabricación estadounidense, cazas Mirage franceses y el JF-17, producido en colaboración con China, principal socio en materia de defensa de Islamabad.
En contraste, el Talibán afgano opera como una fuerza cohesiva de menos de 200.000 integrantes. No dispone de una fuerza aérea funcional y depende de helicópteros soviéticos envejecidos, algunos aviones de transporte abandonados por Estados Unidos y drones cuadricóptero. Su ventaja radica en la guerra asimétrica, la disciplina ideológica y décadas de experiencia en guerrilla.
Riesgos de un nuevo ciclo de violencia urbana
Conflictos similares en el pasado se han contenido después de días de enfrentamientos mediante la mediación de terceros como Arabia Saudita y Turquía. Especialistas advierten que, si la crisis escala, podrían multiplicarse los escenarios de violencia.
El analista Abdul Basit, de la S. Rajaratnam School of International Studies, advirtió que “se avecinan tiempos peligrosos” y señaló que una represalia afgana podría concentrarse en centros urbanos de Pakistán, lo que, según él, sería “una receta para el caos” que beneficia a las redes terroristas.
Basit destacó además el papel de los drones como “la fuerza aérea del pobre”, y señaló: “El Talibán afgano tiene drones, tiene atacantes suicidas y es innovador”.
Por su parte, Samina Ahmed, directora de proyectos para Asia del Crisis Group, afirmó que Pakistán ha dejado claro que actuará nuevamente si el Talibán afgano no toma medidas contra líderes y combatientes del Talibán pakistaní en suelo afgano. Ahmed recomendó retomar negociaciones con facilitadores de confianza como Turquía, Catar y Arabia Saudita para evitar un deterioro mayor de la seguridad regional.

