El plazo fijo es un instrumento bancario habitual para quienes quieren resguardar pesos y obtener un rendimiento con bajo nivel de riesgo. Consiste en depositar una suma durante un período determinado a cambio de una tasa de interés pactada. Es sencillo y transparente, y sus condiciones (plazo mínimo, tasa y forma de capitalización) varían según la entidad y el contexto económico; suele ofrecer rendimientos superiores a una cuenta corriente, pero menores que los activos más riesgosos.
Durante el plazo acordado —por ejemplo, 30 días en muchos contratos— el dinero no puede retirarse sin cancelar la operación anticipadamente, lo que por lo general implica perder parte o la totalidad del interés pactado o recibir una penalización. Por eso, especialistas recomiendan considerar el plazo fijo dentro de una estrategia de ahorro más amplia, combinándolo con cuentas remuneradas, fondos comunes de inversión u otros instrumentos indexados a la inflación para equilibrar liquidez, riesgo y rentabilidad.

