La Fundación de Investigaciones en Inteligencia Financiera (FININT) concluye, tras analizar datos criminológicos de Uruguay, que el país atraviesa una etapa de consolidación de la violencia homicida vinculada al crecimiento de bandas dedicadas al tráfico de drogas. Esta situación es compleja y requiere abordajes multidimensionales para ser revertida.
En 2025 se registraron 369 homicidios, equivalentes a una tasa de 10,3 por cada 100.000 habitantes. FININT califica ese nivel como elevado y observa que la cifra se ha estabilizado en un “piso alto” en lugar de mostrar una reducción estructural, situando a Uruguay en una posición intermedia en la región.
Los homicidios se concentran mayoritariamente en Montevideo, con siete zonas de alta incidencia: Casavalle; Nuevo Ellauri, Plácido Ellauri y Piedras Blancas; Maracaná; Casabó, Cerro Norte y Villa del Cerro; La Teja y Tres Ombúes; Villa Española; y Malvín Norte.
Las características de las bandas criminales uruguayas
El estudio cualitativo describe rasgos de las bandas que operan en Montevideo, observando patrones organizativos y operativos relativamente homogéneos, con variaciones que parecen responder más al control territorial que a diferencias de sofisticación estructural.
No se identifican, en esta etapa, organizaciones jerárquicas complejas comparables a carteles transnacionales. En cambio, predominan estructuras criminales locales, flexibles y fragmentadas, con un fuerte anclaje barrial.
Las agrupaciones muestran una fuerte territorialización y disputas por microespacios urbanos, ejerciendo un control informal sobre áreas delimitadas. Sus estructuras tienden a ser simples y poco profesionalizadas, con liderazgo personalista centrado en una figura y un círculo reducido de colaboradores.
Se observa un uso intensivo, desordenado y delegativo de la violencia, con indicios de sicariato. Esto genera alta letalidad, balaceras indiscriminadas y un aumento del riesgo para terceros no implicados en los conflictos.
La economía criminal está centrada principalmente en el microtráfico de estupefacientes, con diversificación de actividades delictivas, y existe además la posible vinculación con barras de equipos de fútbol.
FININT señala que estos hallazgos son coherentes con estudios previos sobre bandas en la ciudad de Rosario (publicados en 2024), donde se identificaron dinámicas organizativas similares en contextos urbanos atravesados por economías ilegales de baja y mediana escala.
La comparación con Rosario busca identificar regularidades: bandas fragmentadas que disputan territorios y circuitos de microtráfico, generando niveles sostenidos de violencia homicida. No implica equiparar automáticamente realidades distintas, sino aportar marcos analíticos para comprender cómo ciertas configuraciones urbanas y criminales favorecen la reproducción de la violencia.
Las sugerencias para Uruguay
Además del microtráfico local, Uruguay enfrenta una creciente vinculación con circuitos internacionales de criminalidad organizada, como muestran envíos de cocaína que partieron del puerto de Montevideo con destino a Europa.
Esa conexión internacional añade complejidad al fenómeno, que combina dimensiones criminales, sociales, culturales, económicas y territoriales. La violencia homicida es la manifestación más visible, pero subyace un entramado más amplio que requiere un enfoque integral.
La fundación recomienda diseñar un plan de seguridad —en sintonía con las iniciativas del gobierno— que integre la multidimensionalidad del problema y combine medidas coordinadas en distintos ámbitos.
Uruguay necesita un abordaje serio, profesional, técnico y pragmático, orientado a resultados concretos. Cualquier plan de seguridad debe implementarse, evaluarse y ajustarse de forma continua, con capacidad de adaptación frente a un adversario que también evoluciona. FININT advierte que no existen recetas mágicas.



