18 de marzo 2026 – 07:00
Desde el inicio de la guerra en Oriente Medio, analistas, estrategas, bancos, fondos y fuerzas armadas han planteado varios escenarios posibles. Uno, benigno, quedó descartado a las dos semanas del conflicto; otro, extremo, que implicaba el cierre del estrecho de Ormuz, ya se ha materializado. Aun así, podría surgir un rumbo imprevisto que no estaba en la previsión de Estados Unidos, comparable a una solución inesperada de una obra de ciencia ficción.
Depositphotos
El estratega británico que compara la situación con Star Trek II recuerda la escena en la que el joven Capitán Kirk reprograma una computadora para lograr la victoria, por su ingenio. La analogía subraya la tentación de “ajustar” la realidad para evitar un resultado adverso. En los mercados, a pesar de que los precios del petróleo y de combustibles pesados muestran presión al alza por la escasez física —reflejada en un backwardation que indica demanda inmediata alta—, los contratos de futuros aún cotizan energía a un precio más bajo en unos meses. Esto sugiere que los inversores esperan que las interrupciones no se prolonguen. No obstante, como apunta Every, aunque es fácil imaginar un empeoramiento, también existen vías por las que la situación podría mejorar.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha dicho que a EE. UU. no le preocupa que buques iraníes, chinos e indios hayan transitado por el estrecho de Ormuz. Every plantea la hipótesis de que, si Irán permitiera el paso a todos salvo a Estados Unidos e Israel —países que de hecho no dependen directamente del estrecho—, el bloqueo perdería gran parte de su efecto práctico; aunque advierte que no parece probable que Irán adopte una postura tan amplia de apertura.
Por otra parte, Every sostiene que la administración Trump podría intentar “reprogramar” el estancamiento mediante una escalada propia. La postergación anunciada del viaje de Trump a Pekín por la guerra envía un mensaje: solo si el conflicto termina sin una retirada estadounidense podría haber diálogo directo entre Trump y Xi sobre la relación bilateral. China, a su vez, podría cubrir necesidades energéticas desde el hemisferio occidental si dejara de depender de Irán o del Consejo de Cooperación del Golfo. Estados Unidos también tiene capacidad para influir en suministros energéticos en determinados escenarios geopolíticos, aunque con mayores riesgos y costos, y esa capacidad podría entrar en negociaciones futuras.
Every recuerda que, tras medidas estadounidenses contra las exportaciones de petróleo hacia Cuba forzadas por la presión sobre Venezuela, La Habana ha iniciado reformas económicas que permiten el regreso de exiliados cubanoamericanos y la apertura de negocios privados. Ese giro muestra cómo los alineamientos pueden cambiar rápidamente y cómo actores antes cercanos a Rusia, China o Irán pueden acercarse al bloque estadounidense.
Mientras tanto, aunque hasta ahora aliados de la OTAN, Japón y Corea del Sur han mostrado reticencia a enviar buques para reabrir el estrecho de Ormuz, quienes sostienen la postura de “esta no es nuestra guerra” deberían evaluar los costos de una prolongación del conflicto. Un Irán que sobreviva al conflicto y avance hacia capacidades nucleares y misiles balísticos representaría una amenaza con consecuencias de alcance amplio.
El Japan Times indica que la primera ministra japonesa, Takaichi, estaría valorando la posibilidad de integrarse a una coalición en Ormuz para garantizar la libertad de navegación. La Unión Europea, por su parte, ha rechazado ceder ante presiones con un mensaje de “no nos chantajeen” y ha descartado flexibilizar la prohibición sobre el gas ruso, lo que deja a Estados Unidos en una posición predominante como proveedor de GNL. Ese alineamiento coloca a Europa junto a EE. UU. frente a Irán, un aliado clave de Rusia, y abre la pregunta de cómo se articularán las relaciones entre la UE, India y Estados Unidos en un entorno donde Nueva Delhi también busca estrechar lazos con Europa mientras mantiene relaciones con Rusia.




