Estados Unidos ha intensificado su ofensiva en el estrecho de Ormuz para neutralizar la amenaza de lanchas rápidas, drones y misiles iraníes que están afectando esa vía clave del comercio internacional en el marco del conflicto con Teherán. Este paso marítimo, por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial, se ha convertido en un punto crítico con implicaciones económicas y políticas globales.
Para restablecer la navegación, Washington ha desplegado aviones A-10, helicópteros Apache y unidades de marines. Estas fuerzas están orientadas a destruir embarcaciones iraníes, neutralizar minas y misiles de crucero, y escoltar buques comerciales a través del estrecho y el Golfo Pérsico. El objetivo declarado es reducir las capacidades ofensivas de Irán y garantizar el tránsito seguro de mercancías en una de las rutas marítimas más disputadas del mundo.
La campaña incluye operaciones aéreas con A-10 sobre la costa sur de Irán y el propio estrecho, focalizadas en localizar y atacar lanchas rápidas empleadas por la Armada iraní y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Asimismo, helicópteros Apache y fuerzas aliadas han intervenido para interceptar drones explosivos utilizados contra embarcaciones civiles e infraestructuras energéticas de países vecinos.
En los últimos días, los ataques han destruido o dañado más de 120 embarcaciones iraníes. También se ha desplegado una unidad de respuesta rápida de marines para reforzar las operaciones y ayudar a controlar islas cercanas a la costa sur de Irán.
Persistencia de la amenaza iraní y desafíos operativos en el estrecho de Ormuz
Aunque se han producido estos ataques, Irán sigue teniendo un arsenal significativo. Expertos en defensa advierten de la existencia de “cientos de lanchas” almacenadas en hangares subterráneos, además de numerosas minas navales y misiles de crucero montados en camiones, capaces de alcanzar embarcaciones en movimiento en un estrecho que mide apenas 39 kilómetros en su punto más angosto.
La infraestructura defensiva iraní, que incluye túneles y posiciones fortificadas en la costa y en islas próximas, complica la eliminación completa de la amenaza. Analistas estiman que una operación capaz de garantizar seguridad plena podría durar semanas y que, aun así, resulta improbable lograr una protección total en un entorno tan complejo.
El precedente de los ataques de milicias afines a Irán, como los hutíes en Yemen, refuerza esta evaluación: misiles, drones y embarcaciones no tripuladas han demostrado ser difíciles de erradicar incluso tras campañas militares prolongadas.
Impacto económico y riesgos geopolíticos derivados del cierre del estrecho
El cierre del estrecho ha impulsado la cotización del petróleo Brent: superó los 100 USD por barril, alcanzó picos cercanos a 119 USD y luego se situó en 108,65 USD el jueves, con un incremento diario del 1,2%. Esta volatilidad tiene efectos directos sobre la economía mundial y aumenta la presión sobre los Estados que dependen de la energía del Golfo Pérsico.
El Parlamento iraní estudia la posibilidad de imponer peajes a las embarcaciones que crucen el estrecho. Si esa medida se aprobara, los países consumidores de petróleo, gas u otras materias primas de la región podrían verse obligados a negociar con Teherán, incrementando así la influencia política y económica iraní.
Especialistas advierten que estas medidas podrían dar lugar a una “interdependencia forzada”, en la que la seguridad y el suministro energético queden condicionados por las exigencias de Irán. La combinación de hostilidades y negociaciones podría alterar la dinámica regional y los equilibrios del comercio internacional.
La estrategia de Irán y el posible futuro del estrecho de Ormuz
Frente a la operación militar, Irán analiza mecanismos legales y políticos para ejercer un control selectivo del tránsito marítimo. El Parlamento evalúa autorizar el paso solo a determinadas embarcaciones a cambio de peajes, lo que consolidaría el papel de Teherán como actor central en la gestión de recursos y rutas comerciales.
Analistas señalan que, aunque la intensidad de los combates disminuya, la necesidad de acuerdos, adaptaciones y medidas de seguridad persistirá. Los países que dependen del flujo energético a través del estrecho deberán prepararse para ajustes continuos ante cualquier variación que afecte los mercados o la seguridad internacional.



