28 de marzo de 2026
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Posible operación militar de EEUU para extraer uranio en Irán

Una posible operación secreta de fuerzas especiales estadounidenses para confiscar uranio enriquecido iraní plantea desafíos inéditos para militares y expertos en seguridad internacional. Se baraja el despliegue de unidades de élite, incluida Delta Force, en una misión todavía no confirmada oficialmente, cuya complejidad técnica y estratégica sería excepcional en la región.

Si se llegara a ejecutar, con la aprobación del presidente Donald Trump, la operación requeriría la entrada de unidades especializadas —Delta Force, Boinas Verdes y el 75.o Regimiento Ranger— en instalaciones nucleares subterráneas en Irán para localizar y extraer cilindros presurizados de uranio. La misión implicaría asegurar la retirada del material bajo posible fuego enemigo, mantener vigilancia continua y establecer perímetros de seguridad con miles de efectivos desplegados, todo ello con el riesgo de que aliados de Irán intervengan mediante inteligencia satelital.

La preparación para este tipo de intervención habría incluido entrenamientos en bases estadounidenses, donde Delta Force y otras unidades practicaron la búsqueda y manipulación de uranio enriquecido en condiciones hostiles. La operación requeriría además la implicación de equipos de respuesta a amenazas nucleares del Ejército de EE. UU., con base en Maryland, junto con la experiencia operativa de los Boinas Verdes y el 75.o Regimiento Ranger.

Las principales reservas de combustible nuclear iraní se ubicarían en instalaciones subterráneas de Isfahán —donde se estima que hay alrededor de 200 kg de uranio enriquecido protegidos por muros de acero— y en Fordow, al sur de Teherán. También se sospecha que parte del material podría estar oculto en áreas de difícil acceso cerca de Natanz, reforzadas para soportar ataques aéreos y dotadas de sistemas avanzados de defensa.

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La posibilidad de que el uranio esté disperso aumenta la dificultad operativa y exige inteligencia muy precisa y rápida para identificar la ubicación exacta de los cilindros, que contendrían el uranio en forma de hexafluoruro gaseoso.

El éxito de la misión requeriría, según estimaciones, el despliegue de unas 3.000 tropas paracaidistas de la División 82 Aerotransportada y cerca de 4.400 efectivos de unidades expedicionarias de la Infantería de Marina para asegurar perímetros alrededor de instalaciones clave. Operaciones de este tipo suelen implicar más de 150 aeronaves, incluidos aviones de reconocimiento U-2 y RC-135, plataformas de comunicaciones E-11A, drones MQ-9 Reaper, helicópteros Apache y aviones de ataque A-10.

Se ha mencionado además la posible utilización de un sistema de gestión operativa basado en inteligencia artificial desarrollado por el Comando Central, diseñado para analizar datos sobre objetivos y movimientos enemigos en menos de un minuto y agilizar las fases de identificación, extracción y evacuación bajo el nombre operativo referido en algunas fuentes como “Operación Furia Épica”.

Un exmiembro de fuerzas especiales británicas que entrenó con Delta Force declaró al The Times que el éxito dependería en gran medida de la inteligencia previa: no solo la localización del uranio, sino también dónde pueden aterrizar los helicópteros con seguridad y cuál es el despliegue defensivo del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC).

El veterano añadió que, si las tropas aseguran las instalaciones de enriquecimiento, Delta Force tendría la capacidad de tomarse el tiempo necesario para extraer el material de forma segura.

También señaló que agentes israelíes, con capacidad de operar en suelo iraní, podrían aportar apoyo y orientación sobre el terreno en coordinación con las fuerzas anglo-estadounidenses.

La responsabilidad de proteger los sitios nucleares recae en el IRGC, que contaba con más de 150.000 efectivos antes de las recientes hostilidades. A pesar de los daños sufridos por algunos bombardeos, el IRGC dispone de recursos y personal suficientes para complicar una incursión terrestre y defender las reservas estratégicas.

En ejercicios en Estados Unidos, según el relato del exsoldado, Delta Force llegó a practicar maniobras de extracción con dispositivos nucleares simulados usando globos y aeronaves especializadas; en un escenario real iraní, el transporte de contenedores probablemente se haría mediante helicópteros hacia buques u otras plataformas seguras.

Militares retirados de Estados Unidos han puesto en duda la viabilidad de la operación, destacando la dificultad para encontrar puntos de despliegue seguros y el riesgo de una confrontación directa y sostenida. Sus reservas se centran tanto en el alcance de la misión como en la capacidad de controlar el terreno iraní frente a una respuesta organizada y numerosa de la defensa local.

Algunos expertos recuerdan precedentes de operaciones que requirieron una movilización aérea y logística de gran envergadura y subrayan que internarse en territorio iraní con una amenaza nuclear implicaría riesgos operativos sin precedentes, pese al entrenamiento intensivo de las unidades implicadas.

Permanece la incertidumbre sobre el objetivo final de la operación. La administración estadounidense evita precisar si la meta es únicamente la incautación del material nuclear o si persigue además un golpe estratégico contra el régimen iraní. En el Congreso se ha iniciado un debate político sobre la necesidad de definir una estrategia clara y objetivos concretos; legisladores como Jason Crow, ex ranger y miembro del Congreso, han advertido sobre la importancia de aprender de errores pasados en conflictos como Afganistán e Irak.

En el plano internacional, una ofensiva terrestre aumentaría la preocupación por una escalada en la región. La posibilidad de que China y Rusia faciliten inteligencia satelital o asesoría militar al régimen iraní introduciría una dimensión adicional de riesgo y complejidad. El futuro del uranio enriquecido iraní y la posibilidad de que la operación desencadene una escalada militar mayor siguen siendo incógnitas en cualquier negociación de paz.

Mientras se mantiene una pausa en algunos ataques estadounidenses a centrales energéticas, el presidente Trump lanzó una advertencia contundente al régimen iraní, instando a Teherán a negociar un acuerdo que ponga fin a los bombardeos estadounidenses e israelíes y avisando de que, de no hacerlo, los ataques continuarían.

Durante una reunión de gabinete en la Casa Blanca, Trump afirmó que Irán tiene la oportunidad de renunciar de forma permanente a sus ambiciones nucleares y sentarse a negociar; advirtió que, si no lo hace, Estados Unidos seguirá actuando con firmeza contra el régimen.

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