31 de marzo de 2026
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Liderazgo fragmentado en Irán dificulta la coordinación

La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha fragmentado al gobierno iraní, según evaluaciones de servicios de inteligencia estadounidenses y occidentales, lo que ha dificultado la toma de decisiones y la coordinación de represalias de mayor envergadura. Varias decenas de líderes y sus lugartenientes murieron en las primeras semanas del conflicto; los supervivientes han tenido problemas de comunicación y evitan reunirse o hablar por teléfono por temor a intercepciones o ataques aéreos.

Aunque las fuerzas de seguridad y los militares iraníes continúan operando, la capacidad del gobierno para diseñar y ejecutar nuevas estrategias se ha visto mermada. La administración Trump ha señalado que hay un nuevo gobierno en funciones en Irán y lo ha presionado para alcanzar un acuerdo. Sin embargo, una menor capacidad de decisión complica las negociaciones y reduce la posibilidad de concesiones significativas.

Con distintos líderes al mando, los negociadores iraníes pueden desconocer hasta qué punto su gobierno está dispuesto a ceder o a quién deben consultar para tomar decisiones. Funcionarios estadounidenses indican además que los sectores más intransigentes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica han ganado influencia en relación con el liderazgo religioso formalmente a cargo.

No está claro si surgirá alguien con autoridad y disposición para negociar ni si esa persona podrá convencer a otros funcionarios. Exfuncionarios estadounidenses sostienen que Irán podría acceder a un acuerdo si sufre suficiente presión económica por la guerra; pese al daño sufrido, las autoridades iraníes podrían no percibir todavía que estén perdiendo. El presidente Trump amenazó con ampliar la campaña militar si no se alcanzaba pronto un acuerdo, mencionando la posibilidad de atacar la isla de Kharg, centro de exportación petrolera de Irán.

Según fuentes oficiales, las comunicaciones comprometidas han generado confusión y desconfianza entre los dirigentes iraníes supervivientes, preocupados por presuntas intervenciones de inteligencia israelí. Israel lanzó el conflicto con un ataque contra el complejo de la cúpula dirigente que, según informes, causó la muerte del líder supremo Ali Khamenei y de buena parte de la estructura de seguridad nacional; también habrían fallecido varios funcionarios de menor rango considerados más pragmáticos, según autoridades estadounidenses. El propio presidente Trump aludió en entrevistas a la muerte de posibles sucesores.

Funcionarios occidentales y personas con acceso a evaluaciones gubernamentales indican que el ataque interrumpió muchos vínculos entre responsables de seguridad, mandos militares y políticos civiles. No está claro cuánto control ejerce el nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei; no ha aparecido en público y agencias de inteligencia de EE. UU. e Israel consideran que podría haber resultado herido durante el conflicto.

Algunos analistas de inteligencia creen que Mojtaba Khamenei podría desempeñar un papel más simbólico, mientras que los líderes supervivientes de la Guardia Revolucionaria asumirían las decisiones prácticas. Un alto mando militar estadounidense afirmó que el sistema de mando y control iraní quedó gravemente afectado por los ataques. No obstante, antes de la guerra Irán había desarrollado un esquema descentralizado que permitía a comandantes locales actuar de forma autónoma en sus regiones.

Estados Unidos tiene identificados a esos comandantes regionales como objetivos prioritarios, según un alto mando militar. Irán ha mostrado capacidad para lanzar operaciones ofensivas considerables, como el ataque con misiles y drones contra la base aérea Príncipe Sultán en Arabia Saudita la semana pasada. Aun así, las represalias iraníes no han sido tan numerosas ni tan coordinadas como podrían haber sido, debido a las dificultades internas del gobierno; ante la pérdida de mandos centrales, los comandos regionales han organizado contraataques sin una coordinación centralizada.

El presidente Trump ha expresado frustración por lo que considera mensajes contradictorios de los dirigentes iraníes. En redes sociales afirmó que los negociadores iraníes eran “muy diferentes y extraños”, y aseguró que pese al daño militar reclamaban tiempo para estudiar la propuesta estadounidense en lugar de aceptar un acuerdo de inmediato.

Durante el fin de semana, Trump dijo que la campaña aérea había propiciado un nuevo liderazgo en Irán y afirmó que se habían producido avances en las conversaciones. Aseguró que se trataba de “un grupo de personas totalmente diferente” y llegó a calificar la situación como un cambio de régimen, valorando la actitud de los interlocutores como razonable.

En otra publicación el presidente ofreció una evaluación optimista del gobierno iraní actual, pero también advirtió que podría ampliar la ofensiva atacando infraestructura energética y civil si no se alcanzaba un acuerdo y si el estrecho de Ormuz continuaba cerrado. Señaló que podrían ser blanco plantas eléctricas, pozos petroleros y plantas desalinizadoras. Fuentes con conocimiento de los informes de inteligencia vinculan la dureza de esos mensajes con la incapacidad del gobierno iraní para coordinar una respuesta o decidir sobre las propuestas de paz estadounidenses.

Funcionarios israelíes han comparado los problemas de comunicación en Irán con las dificultades observadas durante las negociaciones para la liberación de rehenes en la guerra de Gaza, cuando las ofertas pasaban por intermediarios en Qatar y luego se transmitían por escrito a los dirigentes en Gaza, lo que ralentizaba y complicaba el proceso.

© The New York Times 2026.

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