Las críticas contra Gran Hermano se han incrementado, no solo por incidentes aislados sino por denuncias que apuntan a una supuesta operación sistemática que vulneraría el aislamiento y las reglas internas del programa, poniendo en tela de juicio la credibilidad del ciclo ante el público.
En esta temporada hubo polémica alrededor de Andrea del Boca: según distintas versiones, la actriz habría salido de la casa durante cinco días alegando un problema de salud, período en el que se habría informado sobre lo ocurrido afuera e incluso habría negociado su contrato. Ahora la atención se centra en su hija, Anna, cuyo ingreso al programa también generó sospechas.
De acuerdo con las denuncias, la producción habría montado el ingreso de Anna bajo el pretexto de la dinámica de “congelados” para permitirle retirar la valija de su madre, una maniobra que muchos consideraron innecesaria. Además, espectadores y comentaristas señalaron que sus intervenciones parecían guionadas; hubo intercambio en redes y, según una publicación de Ángel de Brito, una imagen que mostraría a Anna con un auricular, lo que alimentó la hipótesis de que se le transmitían las frases a decir.
En resumen, las críticas sostienen que estos hechos reflejan prácticas orientadas a mejorar el rating y alterar la convivencia de los participantes, y plantean la pregunta sobre los límites éticos de la producción en pos del espectáculo. Las acusaciones se basan en testimonios y capturas difundidas en redes; no se presenta aquí una verificación independiente de esos señalamientos.



