“Una vida ordenada influye en tu desarrollo profesional”. Mario vincula la logística con algo más que horarios y traslados: la entiende como una manera de vivir. Desde su experiencia en periodismo, su formación en coaching y las madrugadas sin margen de error, explica cómo la organización, la responsabilidad y la vocación de servicio pueden transformar cualquier actividad profesional.
¿Encontrás similitudes entre tu vida y la logística?
Sí. La logística fue uno de mis grandes aprendizajes: respetar horarios, evitar las prisas y darme tiempo. Trabajo en un noticiero que empieza a las siete; si yo no estoy, el programa igual comienza, así que no hay margen de error. Dormir a una hora razonable me permite levantarme a tiempo; si me acuesto después de medianoche, todo se altera y se vuelve más difícil cumplir la rutina.
No sé manejar, por eso parte de mi logística consiste en pedir el auto con anticipación para asegurar que llegue. Si no, no estaré donde debo. Me fue enseñando la intuición más que la teoría: una vida organizada reduce problemas. Cuando surge un imprevisto, puedes ocuparte de la contingencia porque no tienes asuntos pendientes. La vida trae sorpresas, pero el orden te da margen de maniobra.
¿Cómo impacta esa organización en el trabajo?
Están estrechamente relacionadas. El desorden personal termina afectando al equipo, a la dinámica laboral y a la atención al cliente. No se trata de imponer una rigidez absoluta: hay grados de flexibilidad, pero hay cosas inamovibles, como el comienzo del noticiero.
Al organizarme mejor, fui más productivo. Organizarse no es solo manejar lo económico o los horarios: implica ordenar pensamientos y evaluar las emociones. Si uno vive enojado regularmente, no está organizado. También supone elegir a las personas y actividades que forman parte de tu vida, identificar pasatiempos, riesgos y tentaciones para mantener hábitos sanos. Todo eso repercute en el desempeño profesional.
¿Qué te dio el coaching en ese proceso?
El coaching me ayudó a dar sentido y estructura a lo que ya hacía. Fue como trazar un camino y luego señalizarlo: me enseñó a diferenciar el trabajo de la vida personal, a relativizar mi opinión y a reconocer que nadie posee la verdad absoluta. Me enseñó a escuchar más y a hablar menos, a seguir las claves del entrevistado en lugar de imponer mi propio guion.
También me planteó un desafío: ¿es posible ser periodista y coach a la vez? Un docente me dijo que el reto era integrar ambos mundos, lo que exigió otra clase de logística: coordinar dos áreas distintas. Y eso es posible.
Para quienes trabajan en logística o comercio exterior, que viven urgencias constantes, ¿qué mensaje les darías?
Descubrí que el trabajo pesa menos cuando uno se enfoca en la misión o en el servicio que presta a otros. Logística y comercio exterior son áreas con alta carga de estrés y urgencia; los contratiempos son habituales y las pérdidas pueden ser grandes.
Pero si entendés que tu tarea soluciona la vida de alguien o facilita procesos para otros, cambia la energía. Es como los bomberos en un incendio: están exhaustos, pero saben que están dando todo en ese momento.
A menudo, detrás de grandes dificultades aparecen aprendizajes y recompensas; cuando el esfuerzo es intenso, la recompensa puede llegar no solo en lo económico sino también en lo humano. Mantener el foco en el servicio a la comunidad ayuda a que la carga sea más llevadera: preguntate a quién le estás facilitando la vida y qué hacés posible con tu trabajo.
Hablaste también de gratitud y de hacerse cargo. ¿Cómo lo vinculás con el liderazgo?
Primero, la gratitud es fundamental y la practicamos poco: solemos pedir más de lo que agradecemos. Conté la historia de una psicóloga en Bahía Blanca que antes se molestaba por algo insignificante como una mosca y, al día siguiente, perdió su casa y su consultorio por una inundación. Esa experiencia muestra cómo no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos.
Hacerse cargo es clave en el liderazgo. Un líder asume sus decisiones, sus sueños y las consecuencias, pero hacerlo no significa cargar con todo personalmente; significa responsabilizarse. Un líder ve más allá porque insiste, busca oportunidades, abre puertas e inspira a otros. El verdadero poder no es el dominio sobre las personas, sino la capacidad de transformar situaciones y generar impacto positivo.

