¿Cuál es el desayuno más recomendable para perder peso? No se trata solo de contar calorías: la calidad de los alimentos, un aporte suficiente de proteína y fibra, y el momento en que se consume la primera comida son factores clave.
El principio básico para perder peso es el déficit calórico: consumir de forma sostenida menos energía de la que el cuerpo necesita lleva a utilizar reservas, principalmente grasa. Diversos análisis indican que reducir las calorías diarias es el factor principal en una alimentación orientada a la pérdida de peso.
Organizaciones como la Clínica Mayo recomiendan ingredientes como avena, yogur natural, frutas frescas, semillas y frutos secos para un desayuno nutritivo y que favorezca la pérdida de peso. Estos alimentos aportan fibra soluble y proteína magra, ayudan a controlar el apetito y estabilizan la glucemia por la mañana. Además, las grasas saludables —por ejemplo, aceite de oliva o aguacate— contribuyen a la saciedad y pueden apoyar el metabolismo.
Enfoques centrados únicamente en las calorías pueden resultar engañosos. Como señala el profesor Giles Yeo, las calorías indican la cantidad de energía pero no la calidad de lo que se consume.
El valor nutricional —presencia de proteína, fibra, tipos de grasa y azúcares— influye tanto en la salud como en el éxito a largo plazo de la dieta. Por ello, organismos como el NHS y expertos citados aconsejan priorizar desayunos densos en nutrientes por encima de opciones que solo sean bajas en calorías.
Importancia de la proteína y la fibra
La proteína desempeña un papel central en el desayuno: además de ser esencial para la masa muscular, ayuda a controlar el apetito y regula hormonas implicadas en la sensación de hambre y saciedad.
Comenzar el día con unos 25–30 gramos de proteína contribuye a reducir la ghrelina (hormona del hambre) y a aumentar el GLP-1, relacionado con la sensación de saciedad, lo que puede prevenir excesos en comidas posteriores y disminuir antojos de azúcares o ultraprocesados.
Una revisión publicada en la revista Advances in Nutrition respalda que un desayuno con 25–30 g de proteína ayuda a regular las hormonas del apetito y a prolongar la saciedad, lo que facilita el control calórico y apoya la pérdida de peso sostenida.
La proteína también ralentiza la digestión de carbohidratos, estabiliza la glucosa en sangre y exige más gasto energético para su digestión. Por ello, algunos expertos recomiendan una ingesta diaria de proteína entre 1,2 y 1,6 g por kilogramo de peso corporal (aproximadamente 84–112 g para una persona adulta promedio).
La fibra dietética es igualmente importante para prolongar la saciedad y moderar la ingesta calórica total. Aunque muchas personas no alcanzan los 30 g diarios recomendados, quienes sí lo hacen suelen tener menor peso corporal. La fibra soluble —presente en avena, manzana, legumbres o semillas de chía— forma un gel en el tracto digestivo que retrasa el vaciado gástrico y mantiene la sensación de plenitud.
La Cleveland Clinic aconseja combinar en el desayuno alimentos ricos en proteína y fibra —como huevos, yogur natural, pan integral, semillas y frutas o avena— y reducir productos ultraprocesados y bebidas azucaradas para mantener un equilibrio calórico y nutricional.
Otros componentes y el horario del desayuno
Existe un “techo de saciedad”: pasar cierta cantidad de proteína o fibra no aumenta indefinidamente la sensación de plenitud, por lo que basta con asegurar una ración adecuada de estos nutrientes en la mañana.
En cuanto a grasas y carbohidratos, la prioridad es la calidad: las grasas insaturadas de origen vegetal (por ejemplo aceite de oliva, frutos secos, aguacate) son preferibles frente a las saturadas; y los cereales integrales son más recomendables que los refinados o altos en azúcares para el control glucémico y la nutrición en general.
La crononutrición también tiene importancia: desayunar temprano puede mejorar el metabolismo y la regulación de la glucosa. En un estudio, quienes concentraron más calorías en el desayuno reportaron menos apetito durante el día y menos tentempiés calóricos. La investigadora Alexandra Johnstone advierte que prácticas como saltarse el desayuno, habituales en algunos protocolos de ayuno intermitente, pueden reducir calorías totales pero no son óptimas para controlar el hambre ni la glucemia; en general, recomienda priorizar desayunos completos y alargar el ayuno nocturno sin omitir la primera comida.
Variedad, ejemplos y recomendaciones prácticas
La variedad en proteínas, fibras y otros nutrientes amplía los beneficios para la salud y mantiene el interés en la dieta, además de favorecer una microbiota intestinal diversa y una mayor adherencia a los cambios de hábitos.
Desayunos recomendados para favorecer la pérdida de peso suelen incluir huevos (cocidos o escalfados), yogur natural, pan integral, semillas, legumbres, avena y frutas. Complementar con fibra (avena, frutas, chía) y grasas insaturadas ayuda a mantener la saciedad y estabilizar el metabolismo. Es aconsejable limitar ultraprocesados y bebidas azucaradas.
No existe un desayuno único que funcione para todas las personas. Lo esencial es elegir opciones que aporten energía de calidad, promuevan la saciedad y permitan cumplir el objetivo calórico diario.


