15 de enero de 2026
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Líder supremo de Irán planeó fuga a Moscú ante las protestas

El líder supremo de Irán, Ali Khamenei, habría previsto un plan de escape para abandonar Teherán con un grupo reducido de colaboradores y familiares si concluye que sus fuerzas de seguridad no pueden contener las protestas o si se producen deserciones importantes, según un informe de inteligencia al que tuvo acceso The Times.

Este plan pone de relieve la creciente inestabilidad política y social en el país.

En la última semana se han multiplicado las manifestaciones en varias ciudades, incluida Qom, como respuesta a la grave crisis económica. Las protestas han incorporado sectores sociales que antes se mostraban reacios a movilizarse y los lemas se han radicalizado, criticando abiertamente la injerencia exterior y el gasto del régimen en conflictos internacionales —por ejemplo, con consignas como “No a Gaza, no a Líbano, solo por Irán”. Además, la escasa visibilidad pública de Khamenei desde el último enfrentamiento militar con Israel ha alimentado rumores sobre su estado físico y mental, según un perfil psicológico atribuido a una agencia de inteligencia occidental citado por The Times.

Preparativos y legado de Khamenei

Fuentes citadas por The Times señalan que ese “plan B” contempla la evacuación de Khamenei acompañado por alrededor de una veintena de allegados, entre ellos su hijo Mojtaba, señalado como posible sucesor.

Beni Sabti, exmiembro de la inteligencia israelí, afirmó que el destino previsto sería Moscú, siguiendo el precedente de Bashar al-Assad, quien en 2024 se refugió temporalmente en la capital rusa con su familia ante el colapso de su gobierno. El informe indica que el aprecio personal de Khamenei por Vladimir Putin y una afinidad cultural con Rusia habrían influido en esa elección.

El documento describe además un esquema logístico: acumulación de activos y propiedades en el extranjero y reservas de efectivo, medidas pensadas para facilitar una salida segura en caso de pérdida de control interno.

Según investigaciones anteriores, Khamenei controla una extensa red de recursos financieros a través de la organización Setad; una investigación de Reuters de 2013 estimó esos activos en alrededor de 95.000 millones de dólares, una cifra que incluye bienes raíces y empresas bajo su dominio personal.

Tensiones internas, aparato represivo y cuestionamientos sociales

Las manifestaciones han puesto en cuestión la cohesión de las fuerzas que sostienen al régimen. Los manifestantes han acusado al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC), a la milicia Basij, a la policía y al ejército de emplear medidas violentas —entre ellas, munición real, gas lacrimógeno y cañones de agua—. Esos cuerpos operan bajo la autoridad suprema de Khamenei, que se apoya en la lealtad del IRGC como pilar central de su poder político y operativo.

El informe al que tuvo acceso The Times indica que la consideraci ón de una fuga solo se activaría ante grietas significativas en la cadena de mando. Para evitar deserciones, la protección de leales y el control de los principales nombramientos han sido estrategias constantes, aunque la percepción de debilidad del líder ha introducido incertidumbre. El análisis describe a Khamenei como un dirigente marcado por la desconfianza, que oscila entre la firmeza ideológica y la disposición a aceptar compromisos tácticos para preservar el sistema.

El entorno cercano a Khamenei mantiene además vínculos en el exterior: varios familiares de altos funcionarios, incluido el secretario del Consejo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, residen en Estados Unidos, Canadá o Dubái.

La biografía política de Khamenei incluye persecuciones, encarcelamientos y un atentado en 1981 que le causó la pérdida funcional de una mano. La supervivencia a ese episodio reforzó su convicción de liderar una misión trascendente: oponerse a Israel y a las potencias occidentales y preservar la estructura clerical instaurada tras la Revolución Islámica.

Su consolidación en el poder se produjo pese a no contar con los niveles formales de erudición religiosa que tradicionalmente se asocian al cargo de líder supremo, lo que le ha valido críticas en ciertos sectores religiosos.

En el plano regional, Khamenei se considera una figura central del islam chií y ha respaldado a organizaciones como Hezbolá en Líbano, Hamas en Gaza y a fuerzas aliadas en Irak, Siria y Yemen. El debilitamiento reciente de algunos de estos aliados en el conflicto con Israel ha intensificado en la población iraní las dudas sobre décadas de inversiones en proyecciones militares externas mientras se agravan la inflación y las condiciones de vida internas.

Según la fuente citada por The Times, el esquema de escape incluye la recopilación de activos y la preparación de propiedades y fondos en el extranjero para facilitar una posible evacuación.

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