Le quitan la venda a Jacobo Timerman y la luz lo deslumbra; la situación lo confunde, aunque reconoce al hombre frente a él: el coronel Ramón Camps, jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, una figura con poder de vida o muerte sobre los detenidos.
-Timerman —dice Camps—: de lo que usted conteste a mis preguntas depende su vida.
-¿Sin juicio previo, coronel?
-Su vida depende de lo que conteste.
-¿Quién ordenó mi arresto?
-Usted es un prisionero del Primer Cuerpo de Ejército en operaciones.
Informado y con vínculos en los ámbitos de poder, Timerman está desconcertado: no entiende por qué lo detuvieron. En la madrugada, un hombre le había dicho antes:
-Voy a contar hasta diez. Despedite, Jacobito. Se te terminó. ¿No querés decir tus oraciones?
La voz se combinaba con el caño de un revólver apoyado en su cabeza; también escuchó risas. Abrumado, Timerman rompió en carcajadas nerviosas, reacción de alguien al borde de la locura.
Era la madrugada del 15 de abril de 1977 cuando alrededor de veinte hombres de civil y armados entraron en su departamento, lo esposaron, le cubrieron la cabeza con una manta y le dijeron que eran del Primer Cuerpo de Ejército. Le pidieron las llaves del auto, lo bajaron al estacionamiento, lo obligaron a identificar el vehículo, lo hicieron subir y lo volvieron a cubrir con la manta; le pusieron los pies encima y sintió la culata de un fusil en la espalda.
Lo llevaron a un lugar, lo tiraron al suelo, le quitaron la manta y le pusieron una venda y un revólver en la cabeza.
Pudieron haber pasado horas o minutos hasta que lo trasladaron de nuevo. En otro sitio le quitaron la venda y descubrió un despacho con la luz baja; un hombre uniformado ordenó que le sacaran las esposas y le dieran un vaso de agua. Timerman comprendió de inmediato que el coronel frente a él podía ser su verdugo.
El editor golpista
Al ser secuestrado, Jacobo Timerman era director y propietario del diario La Opinión, medio fundado el 4 de mayo de 1971 que había ganado relevancia en el periodismo argentino. Había creado asimismo las revistas Primera Plana y Confirmado, y su trayectoria le daba influencia en ámbitos políticos y culturales.
Timerman concibió La Opinión con una orientación económica de derecha, política de centro y culturalmente de izquierda; a lo largo de su trayectoria mantuvo relaciones pragmáticas con distintos gobiernos, desde la dictadura de Lanusse hasta la etapa de apertura que acompañó el retorno de Perón. El diario se destacó por sus análisis y por revelar entretelones políticos, como la publicación en octubre de 1973 de un “documento reservado” atribuido a Perón tras la muerte de José Ignacio Rucci, en el que se hablaba de “depurar” infiltrados en el peronismo. Con el tiempo se volvió abiertamente crítico del gobierno de María Estela Martínez de Perón y denunció las acciones de José López Rega y la Triple A.
Tras el golpe del 24 de marzo de 1976 y en el marco de la censura, La Opinión evitó declararse frontalmente opositor, aunque procuró informar con cautela sobre la represión y las redes clandestinas a las que Timerman sería arrojado en abril de 1977.
En las mismas fechas fueron secuestrados Enrique Jara, jefe de redacción de La Opinión, y varios miembros del llamado Grupo Graiver —entre ellos Lidia Papaleo de Graiver, Osvaldo Papaleo y Rafael Iannover—, que fueron trasladados al centro clandestino “Puesto Vasco”, en el sur del Gran Buenos Aires, uno de los lugares del “Circuito Camps”. Allí fueron desaparecidos, interrogados y torturados en relación con sospechas sobre los fondos vinculados al secuestro de los Born y la gestión de David Graiver.
El testimonio de Timerman
Años después, Timerman relató su secuestro y traslado: lo llevaron a la jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, donde lo interrogaron Camps y el comisario Miguel Etchecolatz; luego lo trasladaron a Campo de Mayo, donde lo hicieron firmar una declaración, y más tarde lo internaron en Puesto Vasco, donde fue torturado.
Bajo las órdenes del jefe del Primer Cuerpo de Ejército, Carlos Guillermo Suárez Mason, Camps montó en la provincia una extensa red de centros clandestinos, y se ocupó personalmente de los detenidos vinculados a La Opinión, mostrando hacia Timerman un odio particular basado en prejuicios antisemitas: lo acusaba de ser un “agente del sionismo internacional”.
Camps interrogó a Timerman sobre su identidad y convicciones:
-¿Es usted judío? -preguntó Camps.
-Sí -respondió Timerman.
-¿Es usted sionista?
-Sí.
-¿La Opinión es sionista?
-La Opinión apoya al sionismo porque lo considera un movimiento de liberación del pueblo judío y un objeto de estudio para comprender ciertas problemáticas nacionales -respondió Timerman.
-¿Viaja a menudo a Israel?
-Sí.
Camps llegó a compilar y publicar las transcripciones de esos interrogatorios en un documento conocido como Caso Timerman. Punto final. En Puesto Vasco, Timerman fue sometido a torturas prolongadas; describió después el sufrimiento como un dolor que resulta imposible de transmitir: la electricidad se graduaba para infligir un daño que anula los recursos del cuerpo y la mente, obligando a aullar en lugar de gritar, y la violencia se repetía sin tregua.
Juicio simulado y liberación
Tras semanas en Puesto Vasco, Timerman fue “blanqueado” y trasladado al Departamento Central de Policía y luego a la cárcel de Magdalena. Inicialmente la dictadura lo había condenado a muerte, pero cambió de plan para emplearlo en un montaje: Camps pretendía someterlo a un juicio público en el que Timerman admitiera ser judío, sionista y socialista, y así “demostrar” una supuesta conspiración judeomarxista contra la Argentina.
Sin embargo, la repercusión internacional del secuestro, la presión diplomática —incluida la atención pública del gobierno de Estados Unidos y una mención del presidente Jimmy Carter— complicaron esos planes. En 1980 lo pusieron bajo arresto domiciliario y, ante las disputas internas en el Ejército, la solución de compromiso fue expropiar La Opinión, quitarle la ciudadanía a Timerman y expulsarlo del país. Viajó a Israel como apátrida y desde allí denunció las violaciones a los derechos humanos de la dictadura. Regresó a la Argentina en 1984 y recibió el diario La Razón como compensación por la apropiación de La Opinión; ese proyecto periodístico no alcanzó el éxito esperado.
Jacobo Timerman falleció en Buenos Aires el 11 de noviembre de 1999, a los 76 años. Periodista y editor brillante, con posturas a veces discutibles, dejó el legado de haber creado uno de los medios más innovadores del periodismo argentino.



