20 de abril de 2026
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Osvaldo Cornide: La estabilidad como consecuencia del desarrollo

Osvaldo Cornide, presidente honorario de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), cuestionó el rumbo económico del gobierno y sostuvo que la estabilidad no debe considerarse como una etapa previa al crecimiento, sino como el resultado de un proceso de desarrollo. Advirtió que la combinación de ajuste, caída de la actividad y apertura a las importaciones está profundizando la crisis productiva y social en la Argentina.

En una entrevista radial, planteó una objeción de fondo a la interpretación oficial de la economía: “La estabilidad no es un requisito, es una consecuencia del desarrollo”, afirmó, rechazando la idea de que primero deba consolidarse el orden macroeconómico para que luego llegue, de forma automática, la expansión productiva.

Explicó que la desaceleración de la inflación por sí sola no alcanza si no se acompaña con más producción, empleo e inversión. Para Cornide, sólo cuando la economía aumenta la oferta de bienes y servicios y mejora su productividad podrá sostener niveles de precios más estables. En contraste, señaló que el escenario actual combina un fuerte ajuste sobre distintos sectores con una economía que no genera trabajo.

Señaló que el ajuste afecta a jubilados, personas con discapacidad, salarios y genera mayor desocupación, entre otros efectos cotidianos, y remarcó que ese cuadro no está siendo compensado por un proceso de desarrollo capaz de absorber a quienes quedan fuera de la actividad económica.

Críticas al ajuste y a la apertura

Cornide recurrió a una comparación histórica para diferenciar la situación actual de reorganizaciones anteriores. Recordó que en otras etapas hubo transferencia de empleo desde el sector público hacia el privado, pero entonces existían ramas productivas en condiciones de incorporar mano de obra. Hoy, dijo, ocurre lo contrario: cierran empresas y no aparece un entramado productivo que absorba esa pérdida.

Afirmó que, en la actualidad, “hay veintidós mil fábricas que han cerrado” y sostuvo que esa realidad obliga a replantear la estrategia económica. Para el dirigente, la Argentina atraviesa una etapa muy grave, marcada por un deterioro creciente de las condiciones de vida y por la falta de un horizonte productivo claro.

También puso en duda la posibilidad de alcanzar una “inflación cero” sin modificar la estructura económica. Recordó experiencias previas que, a su juicio, fracasaron por no abordar las causas profundas del estancamiento. Insistió en que el problema central no es únicamente monetario, sino la debilidad del sistema productivo y la ausencia de políticas de desarrollo.

Criticó que mientras otras economías refuerzan sus mecanismos de protección, Argentina avanza en sentido contrario. “El mundo se está protegiendo y la Argentina se abre para que nos penetren millones y millones de artículos y de producción extranjera, y cierran nuestras fábricas”, advirtió, y sostuvo que esa dinámica hace inviable cualquier expectativa de crecimiento sostenido.

Impuestos, inversión y salida política

Otro eje de la entrevista fue la presión tributaria sobre las pymes. Cornide reconoció que la reducción de impuestos es una demanda extendida entre empresarios y comerciantes, pero aclaró que no puede implementarse de forma aislada en un contexto recesivo. Para que una baja impositiva sea efectiva, debe ser parte de una estrategia más amplia de inversión y crecimiento.

“Sí, se puede en un proceso simultáneo de inversión y crecimiento, porque usted rebaja los impuestos en una situación de estancamiento, cae la recaudación y empeora todo”, explicó. Con ello quiso diferenciar una política tributaria coherente con la expansión económica de una rebaja desordenada que termine agravando el problema fiscal.

Recordó antecedentes en los que una menor carga impositiva fue acompañada por un aumento de la recaudación debido a una mayor predisposición al pago, pero insistió en que esa medida debe enmarcarse en un plan general que reactive la economía real, recupere empleo y reactive la inversión.

Finalmente, amplió su diagnóstico y cuestionó el clima de fragmentación política y social. Consideró que, ante un contexto tan delicado, la dirigencia debería concentrarse en la reconstrucción del país y no en disputas internas o sectoriales, y pidió una convergencia entre distintos actores para enfrentar la crisis.

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