La compra de dólares por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA) continúa con ritmo sostenido: ayer adquirió otros USD 235 millones, aunque esa intervención no alcanzó para mover el tipo de cambio. El dólar oficial se mantuvo alrededor de $1.400 y sigue próximo a sus mínimos del año.
La intervención forma parte de la fase 4 del plan monetario, cuyo objetivo es acumular reservas mediante compras de divisas. Sin embargo, la otra pata del esquema —la remonetización de la economía— todavía no se puso en marcha por decisión del Gobierno.
Fernando Marengo, economista jefe de Black Toro, afirmó que sería deseable que el Tesoro deje de absorber gradualmente los pesos que emite el Central para comprar dólares. Explicó que esos pesos son adquiridos por el Gobierno para después comprarle divisas al BCRA y pagar deuda, y estimó que esa dinámica podría estar próxima a cambiar.
El Central ya acumula cerca de USD 6.500 millones en compras y, según estimaciones del economista Fernando Marull, podría alcanzar hasta USD 12.000 millones. No obstante, la acumulación de reservas avanza más lentamente porque parte de las divisas adquiridas se destinan a afrontar vencimientos de deuda.
A pesar de la fuerte emisión de pesos para comprar dólares, la base monetaria muestra una contracción significativa: en lo que va del año se redujo en 2,6 billones de pesos, mientras que la inflación acumuló 9,4% en el primer trimestre. La variación interanual del agregado es de apenas 19% nominal, lo que implica una caída real aproximada del 13%.
La fase 4 del plan combina la acumulación de reservas con la remonetización de la economía. El esquema original previsto implicaba emitir dinero para comprar dólares sin esterilizar, pero esa etapa todavía no comenzó, posiblemente a la espera de una desaceleración de la inflación en abril.
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El presidente Javier Milei calificó como “muy malo” el índice de marzo de 3,4%, lo que se tradujo en la continuidad del fuerte apretón monetario.
Los analistas que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA coinciden en que la desaceleración inflacionaria comienza en abril, aunque difieren sobre la velocidad de la caída. La mayoría proyecta que la suba de precios de 2026 terminará siendo, en términos generales, similar al 31,5% registrado en 2025.
La semana pasada el BCRA dio indicios en esa dirección al flexibilizar la integración de encajes por parte de los bancos. La medida busca estabilizar la tasa de interés (que para plazos cortos ronda el 20%) y, simultáneamente, otorgar mayor manejo de liquidez a las entidades para facilitar un impulso del crédito tras varios meses de contracción.
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Desde el equipo económico confían en que el estricto control de los agregados monetarios contribuirá a acelerar la baja de la inflación y permitirá que los salarios empiecen a recuperar poder adquisitivo después de varios meses de pérdida. En el sector privado los sueldos vienen perdiendo frente a la inflación por al menos cinco meses.
La expectativa es que, en los próximos meses, la menor inflación habilite una mejora de los salarios reales. Ese plan tiene un límite ligado a la caída del empleo privado: las empresas tienen poco incentivo para otorgar aumentos importantes mientras la movilidad laboral sea baja, porque quien renuncia enfrenta más dificultades para conseguir otro empleo.
La gran incertidumbre es la velocidad de la reactivación. Los últimos indicadores muestran un rebote de la actividad en marzo y posiblemente en abril, aunque el efecto sobre los grandes centros urbanos se observa con más lentitud. “En el interior se percibe un dinamismo de la actividad muy superior al de la zona metropolitana”, añadió Marengo.

