27 de abril de 2026
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Por qué las guerras tienen un costo económico mayor y más persistente que las crisis financieras, según el FMI

Un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) indica que las guerras han transformado la economía mundial. Frente al conflicto en Oriente Medio, el organismo advierte que los conflictos armados generan pérdidas económicas más profundas y duraderas que desastres naturales o crisis financieras, como las de deuda soberana, bancarias o cambiarias.

La edición reciente de las Perspectivas de la Economía Mundial (WEO) del FMI registra un aumento de conflictos activos a niveles no vistos desde la Segunda Guerra Mundial y señala que la mayor preocupación por la seguridad nacional está cambiando las prioridades de muchos gobiernos.

El estudio estima que el inicio de una guerra provoca una caída inicial de la producción cercana al 3% en los países involucrados, con pérdidas que se acumulan hasta alrededor del 7% en cinco años. Estas pérdidas son mayores que las observadas en crisis financieras o catástrofes naturales severas, y sus efectos pueden persistir durante una década, afectando el potencial productivo y el bienestar social.

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El reporte destaca que los efectos negativos no se limitan al país en conflicto: economías vecinas y socios comerciales presentan descensos moderados de la producción en los primeros años, aunque suelen evitar los daños directos más graves porque no sufren destrucción física en su territorio.

Más gasto público: ¿efecto multiplicador?

El FMI documenta que en guerras de gran escala —definidas por al menos 1.000 muertes en combate— los presupuestos se deterioran. El gasto se desplaza hacia defensa, la deuda pública aumenta y la recaudación fiscal cae. Además, las cuentas externas se tensan: importaciones y exportaciones disminuyen, el déficit comercial se amplía temporalmente y la incertidumbre favorece la salida de capitales, con menores flujos de inversión extranjera directa y de cartera.

En estas circunstancias, los gobiernos recurren con frecuencia a la ayuda internacional y a las remesas para financiar déficits, pero el FMI advierte que esas fuentes suelen ser insuficientes para evitar depreciaciones sostenidas, pérdida de reservas e inflación. Los precios tienden a subir por encima de las metas de los bancos centrales, que responden elevando tasas de interés y agravando las tensiones macroeconómicas.

El FMI analizó episodios de aumento del gasto militar en 164 países desde la Segunda Guerra Mundial y encontró que estas expansiones duran en promedio casi tres años y elevan en 2,7 puntos porcentuales del PIB la participación del presupuesto dedicada a defensa.

El informe subraya que, aunque el mayor gasto en defensa impulsa la demanda —especialmente en sectores vinculados a la industria militar—, su impacto sobre la economía general suele ser moderado. El efecto agregado depende de cómo se financie y asigne ese gasto y de la proporción destinada a importar equipo militar; por ello, no siempre actúa como un multiplicador amplio sobre la producción.

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Cuando la expansión del gasto se acompaña de más importaciones de armamento, el crecimiento de la producción es menor y la balanza externa se deteriora. En cambio, priorizar inversión pública en infraestructura y equipo, mejorar la contratación estatal y aplicar estándares comunes puede fortalecer la industria local, reducir las fugas al exterior y favorecer aumentos sostenibles de productividad.

Financiar la destrucción

Financiar incrementos del gasto es un desafío. A corto plazo, los gobiernos tienden a recurrir al déficit, pero si el gasto en defensa se mantiene, se vuelve crucial aumentar los ingresos. El FMI señala que el financiamiento mediante déficits puede estimular la economía en lo inmediato, pero compromete la sostenibilidad fiscal a mediano plazo, sobre todo en países con poco espacio presupuestario. En los tres años posteriores a una escalada del gasto militar, los déficits se elevan alrededor de 2,6 puntos porcentuales del PIB y la deuda pública aumenta en cerca de 7 puntos porcentuales, llegando a 14 puntos en contextos bélicos.

El informe plantea que la acumulación de vulnerabilidades fiscales puede contenerse con mecanismos de financiamiento duraderos; sin embargo, aumentar los ingresos implica reducir consumo y limitar el impulso de la demanda, y reasignar partidas suele afectar el gasto en protección social, salud y educación.

Recuperación en función de la paz

El FMI describe la recuperación postbélica como lenta y volátil, y dependiente de la duración de la paz. Si la paz se sostiene, la producción se recupera parcialmente pero suele quedar por debajo de los niveles previos al conflicto. En economías frágiles donde el conflicto reaparece, las recuperaciones son truncas. La reactivación se apoya sobre todo en el retorno de la mano de obra civil y de refugiados, mientras que el capital y la productividad permanecen bajos.

El organismo enfatiza la necesidad de estabilización macroeconómica temprana, reestructuración de la deuda y apoyo internacional para restaurar la confianza. El éxito de la recuperación requiere reformas internas que reconstruyan instituciones, fomenten inclusión y seguridad y atiendan los costos humanos —retrasos educativos y deterioro de la salud—. Paquetes integrales y coordinados suelen ser más efectivos que medidas aisladas para reducir la incertidumbre, recuperar capital y facilitar el retorno de desplazados.

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