5 de mayo de 2026
Buenos Aires, 16 C

Las 3 hormonas del amor y cómo influyen en cada etapa

Las preguntas sobre si la oxitocina, la dopamina y la biología del amor determinan la duración de una pareja volvieron al debate científico. En una entrevista con Der Spiegel, el profesor de psicología biológica Lars Penke, de la Universidad de Göttingen, revisa mediante investigaciones cómo las hormonas influyen en el amor, la fidelidad y la longevidad de las relaciones humanas.

Sistemas hormonales como la oxitocina y la dopamina influyen en distintas fases del amor, pero la fidelidad y la duración de la pareja también dependen del compromiso, factores psicológicos y la inversión social y emocional. La biología ofrece una base, pero la continuidad de la relación requiere decisión consciente y resiliencia, según Penke.

Penke distingue tres etapas principales en las relaciones. “Lo que comúnmente se llama amor comprende en realidad tres sistemas distintos que deben separarse en la investigación”, afirma en la entrevista.

Las fases hormonales del amor humano

La primera fase es la atracción, ligada a la primera impresión y al interés sexual. Le sigue el enamoramiento, caracterizado por una motivación intensa y cierta inseguridad. Finalmente aparece el apego, que define vínculos estables y a largo plazo, con mayor confianza y sensación de seguridad.

Hormonas distintas intervienen en cada fase: testosterona y estradiol participan en la atracción inicial, mientras que en el enamoramiento aparece una química similar a la adicción. “La dopamina está implicada: te obsesionas con alguien y todo lo que hace resulta gratificante”, explica Penke.

El enamoramiento suele venir acompañado de incertidumbre y nerviosismo, sobre todo al esperar una respuesta del otro, lo que puede generar estrés. Penke señala que en ese estado el cuerpo libera cortisol para afrontar esos retos sociales.

¿Puede la dopamina asegurar la pasión duradera?

Sobre terapias hormonales para mantener la pasión, Penke aclara que “la dopamina solo funciona cuando se superan tus expectativas en una situación”. Al principio la novedad mantiene altos los niveles de recompensa; con el tiempo la previsibilidad reduce la liberación de dopamina.

“No puedes aumentar la dopamina indefinidamente”, advierte. Experimentos en animales muestran que la búsqueda continua de estímulos no mantiene la recompensa permanentemente. Desde la biología, la intensidad del enamoramiento no es eterna.

El rol de la oxitocina en la fidelidad

A medida que el vínculo madura, la oxitocina cobra relevancia. “El contacto físico libera oxitocina”, describe Penke. Esta hormona, conocida por su papel en el vínculo madre-hijo, calma y reduce el cortisol. Solo se libera con contacto intencional y deseado, como abrazos o caricias de alguien cercano, no por roces accidentales ni por simple convivencia.

La oxitocina es compleja y no atraviesa fácilmente la barrera hematoencefálica, por lo que manipularla artificialmente puede ser arriesgado y alterar otras funciones. Aunque facilita el apego y puede favorecer la exclusividad, por sí sola no garantiza la estabilidad de la pareja.

El peso del compromiso en la pareja

La dimensión psicológica es decisiva. “La resiliencia importa: resistencia al estrés y estabilidad emocional”, dice Penke. Las personas con menor resiliencia suelen manejar peor los desacuerdos. El compromiso implica la decisión de mantener la relación aun cuando haya dificultades.

El compromiso también tiene componentes sociales y materiales: compartir bienes, tener hijos o un círculo de amistades común aumenta el coste de separarse. Los rituales matrimoniales, presentes en todas las culturas, contribuyen a fortalecer la unión.

¿La monogamia es biológica o cultural?

Ante la pregunta de si la biología determina completamente la fidelidad, Penke responde que la idea de enamorarse una vez y permanecer así para siempre es una ilusión simplista. Mantener una relación exige trabajo constante: revisar la conexión, adaptarse y resistir tentaciones.

Sobre el equilibrio entre atracción y compromiso, señala que ambas cosas son necesarias. Un matrimonio sin atracción física puede funcionar, pero puede resultar insatisfactorio; y dejarse solo llevar por sentimientos y hormonas suele conducir a inestabilidad.

Penke añade que, aunque los humanos pueden formar relaciones largas, la monogamia estricta es una construcción evolutiva relativamente reciente. Nuestro sistema de oxitocina facilita vínculos en la adultez, pero eso no implica una predisposición inevitable a la monogamia de por vida; un patrón más natural sería vincularse durante años y, si procede, disolver la relación.

Artículo anterior

ANMAT prohíbe venta de marca de limpieza por falta de regularización

Artículo siguiente

Accesorio lujoso de casi 100.000 dólares que usó Messi en Miami

Continuar leyendo

Últimas noticias

Menos colectivos en AMBA