El 2 de mayo de 1945, en Berlín, las fuerzas alemanas se rindieron al Ejército soviético. Los soldados del Tercer Reich fueron enviados a campos de trabajos forzados. El destino final de Fritz Walter quedó condicionado por esos sucesos.
Sin la presencia de Fritz Walter, Alemania difícilmente habría logrado vencer a la destacada selección húngara.

