Durante un operativo especial de limpieza en las Cataratas del Iguazú, del lado brasileño, trabajadores recuperaron alrededor de 400 kilos de monedas que estaban acumuladas en el lecho del río. La extracción fue posible gracias a una marcada bajante del caudal, que descendió hasta cerca de 500.000 litros por segundo, muy por debajo del promedio habitual de aproximadamente 1,5 millones de litros por segundo, lo que permitió acceder a zonas normalmente cubiertas por agua.
El origen de la acumulación no fue un hallazgo fortuito sino una práctica habitual: visitantes arrojan monedas al agua para pedir deseos o atraer buena suerte. Con el tiempo, ese gesto repetido terminó formando una acumulación significativa dentro de un área protegida, donde además está prohibido arrojar objetos al agua.
El depósito de metales en ambientes acuáticos genera preocupaciones ambientales: las monedas pueden corroerse, liberar compuestos metálicos que afecten la calidad del agua y constituir un riesgo para la fauna, que podría confundir las piezas con alimento. Durante la limpieza también se retiraron otros residuos, como plásticos, botellas, tapas, pilas y dispositivos electrónicos.
Las monedas recuperadas serán clasificadas para determinar cuáles pueden reutilizarse y cuáles requieren un tratamiento distinto. Las piezas en buen estado podrían destinarse a proyectos ambientales, por ejemplo iniciativas de educación o reforestación. El caso subraya que prácticas aparentemente inofensivas, si se repiten en gran escala, pueden generar impactos significativos en ecosistemas naturales.

