19 de enero de 2026
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Bartolomé Mitre: presidente, historiador y periodista

Desde el 1° de diciembre de 1905 la prensa porteña informaba, a través de La Nación, que el general Bartolomé Mitre, ya anciano, estaba gravemente enfermo y permanecía en su casa de la calle San Martín 336, vivienda que había ocupado como presidente y que, años atrás, le habían obsequiado mediante una colecta.

Se encontraba en las últimas semanas de vida una figura polifacética: militar, político, historiador, periodista y escritor, cuya actuación pública generó intensos debates y reconocimiento por igual.

Mitre había nacido el 26 de junio de 1821 en la esquina de Lavalle y Suipacha. Pasó parte de su infancia en Carmen de Patagones por el cargo de su padre Ambrosio en el Río Negro, y la familia luego se trasladó a Montevideo.

En su juventud fue enviado al campo de Gervasio Rozas para formarse en tareas rurales, pero mostró poco interés por la vida de estancia y más inclinación por la lectura, según comentó el estanciero.

Aunque combatió a Juan Manuel de Rosas, conservó en su escritorio un pequeño retrato suyo tras un episodio en que Rosas le advirtió sobre un peligro en el cruce del río Salado, gesto que Mitre valoró.

Su pasión por los libros marcó su formación: siendo cadete en la Academia Militar de Montevideo empezó a escribir versos. A los 19 años se casó con Delfina de Vedia, quien lo llamaba por su apellido.

Como militar participó en las guerras entre Oribe y Rivera y en el sitio de Montevideo, donde conoció a Giuseppe Garibaldi y a Domingo F. Sarmiento, referentes que influirían en su pensamiento y relaciones futuras.

La situación política en Uruguay lo obligó a exiliarse; intentó dirigir una escuela de artillería en Bolivia sin poder asumir y fue deportado a Chile en 1848, donde trabajó en la prensa y se relacionó con figuras como Juan Bautista Alberdi y Sarmiento.

Regresó a Uruguay el 2 de noviembre de 1851 y prometió no separarse de su familia, aunque días después partió a Entre Ríos para sumarse a las fuerzas de Justo José de Urquiza contra Rosas.

En la batalla de Caseros estuvo bajo las órdenes del coronel Pirán; sufrió una experiencia cercana a la muerte cuando un disparo hizo volar un cañón y mató al apuntador que estaba a su lado.

Se estableció definitivamente en Buenos Aires con su familia y en abril asumió la dirección del diario Los Debates, desde donde lanzó su candidatura a legislador y fue elegido en los comicios del 11 de abril.

Se mostró opuesto al Acuerdo de San Nicolás, al que criticó por entender que buscaba una organización nacional basada en una “dictadura irresponsable”; su postura provocó la clausura de diarios opositores y su destierro temporal.

Tras la revolución porteña del 11 de septiembre de 1852 se puso al frente de la Guardia Nacional y regresó a Buenos Aires tres días después, donde conoció a su cuarto hijo, Jorge Mariano; en total tendría cinco hijos.

Cuando Urquiza evitó la guerra contra Buenos Aires, la legislatura porteña anuló el Acuerdo de San Nicolás y retiró la representación de los diputados que irían al congreso constituyente de 1853.

Valentín Alsina fue designado gobernador y Mitre ocupó los ministerios de gobierno y relaciones exteriores; participó en la defensa de la ciudad frente al sitio impuesto por Hilario Lagos, resultando herido levemente en una refriega.

En el contexto de la división del país, Mitre fue nombrado ministro de Guerra y Marina y promovió reformas militares; lideró además expediciones contra grupos indígenas en la frontera sur, que sufrieron derrotas en algunos episodios.

Bajo el gobierno de Alsina retomó ministerios y en octubre de 1858 publicó su Historia de Belgrano, aporte significativo en un momento de escasez de biografías nacionales y difundida inicialmente en cuadernillos.

El asesinato del comandante Nazario Benavídez en octubre de 1858 tensó aún más las relaciones entre Buenos Aires y la Confederación; Mitre dejó el ministerio para asumir el mando de las fuerzas porteñas y fue derrotado en Cepeda en 1859, aunque conservó gran popularidad en la ciudad.

Participó como convencional en la revisión provincial de la Constitución y, posteriormente, fue designado gobernador de Buenos Aires para el período 1860–1863, lo que generó recelos en quienes aspiraban a la unión nacional.

Intentó acercar posiciones con líderes como Urquiza y el presidente Santiago Derqui, incluso a través de la logia masónica Unión del Plata, donde ambos juraron promover una unión pacífica, aunque la política siguió siendo compleja y contradictoria.

Asesinatos y conflictos provinciales, como los de Virasoro y la ejecución de Antonio Aberastain, alimentaron desconfianzas contra Buenos Aires y complicaron las relaciones con el interior del país.

Además hubo controversias por la incorporación de diputados porteños al Congreso bajo leyes provinciales, lo que llevó al Congreso nacional a declarar a Buenos Aires rebelde y decretar el estado de sitio, elevando la tensión militar.

Los ejércitos se enfrentaron en Pavón el 17 de septiembre de 1861; la inesperada retirada de Urquiza en el campo de batalla dejó a Mitre en una situación de ventaja política.

Con la Confederación desarticulada, Mitre quedó como gobernador de Buenos Aires y asumió el poder ejecutivo nacional; en octubre de 1862 fue elegido presidente por unanimidad por el colegio electoral, con Marcos Paz como vicepresidente.

Durante su presidencia, el 16 de enero de 1863 se reorganizó la Corte Suprema, se creó el Colegio Nacional de Buenos Aires, se impulsó el ferrocarril entre Rosario y Córdoba y se sancionaron códigos como el de Comercio y el Penal.

Su mandato se vio marcado por la guerra de la Triple Alianza; al principio imperó el optimismo por una solución rápida, pero la resistencia interior y las dificultades para reclutar tropas revelaron el alto costo de la contienda.

Mantuvo fuertes enfrentamientos intelectuales y políticos con Juan Bautista Alberdi, quien criticó la participación argentina en la guerra; esa polémica fue duradera.

La guerra, con grandes combates en Paraguay y la derrota en Curupaytí, obligó a cambios en la conducción militar; su vicepresidente Marcos Paz falleció de cólera y Mitre regresó a Buenos Aires, mientras la contienda se prolongaba hasta su final por acción brasileña y aliada.

Al finalizar su presidencia fue sucedido por Sarmiento y pasó a desempeñarse como senador. Con recursos limitados —la dieta y la venta de bienes— fundó el diario La Nación el 4 de enero de 1870.

En 1870 afrontó la tragedia personal del suicidio de su hijo Jorge Mariano, de 18 años, quien se quitó la vida en Río de Janeiro dejando una breve nota y sosteniendo un retrato de su padre.

Durante la epidemia de fiebre amarilla de 1871 permaneció en Buenos Aires para ayudar a los afectados, contrajo la enfermedad y logró recuperarse.

Intentó volver a la presidencia en 1873, pero Nicolás Avellaneda fue el elegido; protestó alegando fraude y promovió una revolución que fue rápidamente sofocada.

En septiembre de 1882 falleció su esposa Delfina; años después, tras no ser candidato en 1886, se dedicó a investigar y escribir sobre la vida de San Martín, apoyado por documentos aportados por Mariano Balcarce.

Participó en el mitin del Jardín Florida, que congregó a la oposición contra el gobierno de Juárez Celman y contribuyó al surgimiento de la Unión Cívica.

Antes de un viaje a Europa, mientras su salud exigía descanso, acordó con Julio Argentino Roca una eventual postulación presidencial; alejado ya de Leandro Alem y la Unión Cívica, aspiró nuevamente al cargo pero la maniobra política favoreció a Roca.

En noviembre de 1905 enfermó gravemente, quejándose de dolores en el brazo izquierdo y trastornos intestinales; a mediados de enero entró en una agonía progresiva.

El 18 de enero experimentó una prolongada agonía con fluctuaciones en sus signos vitales; finalmente, a las 4.40 de la mañana falleció en su domicilio.

Su velatorio se realizó en su casa y luego el ataúd fue llevado a la Casa de Gobierno. La ciudad guardó duelo: teatros cerrados, luces encendidas hasta el sepelio, que tuvo lugar el domingo 21 en la Recoleta, acompañado por honores militares y 101 cañonazos, poniendo fin a la vida de una figura central y controvertida en la historia argentina.

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