Hace casi un año, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, fue protagonista de una imagen incómoda que dio la vuelta al mundo: una mano sobre su rostro, una reacción brusca y una mirada congelada durante su descenso del avión presidencial en Hanói, Vietnam.
La persona que protagonizó ese gesto fue su esposa, Brigitte Macron. El video, difundido en redes y medios, mostraba al presidente asomarse por la puerta del avión cuando ella le propinó un empujón en el rostro. Macron se recompuso y saludó a los fotógrafos; ella bajó las escaleras evitando tomar el brazo que él le ofrecía.
Desde el Palacio del Elíseo calificaron el hecho como un “momento de complicidad”. Macron restó importancia con una breve explicación: “Estábamos discutiendo, o más bien bromeando, con mi esposa. No es nada”. Aun así, la imagen se mantuvo como una escena política difícil de olvidar.
Durante meses aquel episodio quedó como una anécdota incómoda del matrimonio presidencial. Hasta esta semana.
La publicación del libro Un couple presque parfait (“Una pareja casi perfecta”), del periodista de Paris Match Florian Tardif, reavivó el incidente y sumó un nombre inesperado al relato: la actriz Golshifteh Farahani.
En una entrevista en RTL, Tardif afirmó que Brigitte Macron habría descubierto en el vuelo presidencial una serie de mensajes entre su marido y la actriz franco‐iraní. Según una persona cercana citada por el periodista, se trató de “un mensaje que nunca debió haber leído”.
El relato difundido en Francia señala que no hay prueba de una relación sentimental consumada ni de una infidelidad demostrada. Lo que provocó la tensión fue la insinuación de un vínculo que parecía superar la mera amistad.
“Nada tangible, ni realmente condenable, pero la sola idea de que eso hubiera podido existir bastaba”, escribió Tardif. Según él, Brigitte se sintió desplazada por una relación “platónica” mantenida durante meses mediante mensajes privados que “iban bastante lejos”, entre ellos uno en el que Macron le decía a la actriz que la encontraba “muy linda”.
Con esa nueva información, la secuencia en Hanói dejó de parecer una broma privada y empezó a interpretarse como un episodio de tensión íntima expuesto accidentalmente al público.
Mientras el libro alimentaba especulaciones en París, el entorno de Brigitte Macron trató de minimizar el asunto. Colaboradores cercanos desmintieron las versiones surgidas alrededor del episodio y rechazaron las interpretaciones difundidas durante la promoción del libro, insistiendo en que lo ocurrido en Vietnam fue una interacción privada amplificada por redes y medios.
La historia volvió a poner el foco en una relación que lleva años atrayendo la atención pública en Francia. Emmanuel y Brigitte Macron se conocieron cuando él tenía 15 años y ella era su profesora de literatura y coordinadora del grupo de teatro escolar. La diferencia de edad —24 años— convirtió desde el principio su vínculo en motivo de debate. Hubo distancias, presiones familiares y años separados antes de que retomaran la relación y se casaran.
Durante tiempo, el macronismo presentó esa historia como la prueba de un vínculo sólido. Por eso cualquier grieta adquiere en Francia una dimensión desproporcionada. El título del libro —Una pareja casi perfecta— refleja esa idea de una relación muy protegida cuya fragilidad asoma a veces detrás de las cámaras.
En el centro de esta polémica aparece Golshifteh Farahani.
Nacida en Teherán como Rahavard Farahani, la actriz y cantante, de 42 años, es una figura destacada de la diáspora iraní y tiene una trayectoria consolidada en el cine internacional. Exiliada de Irán desde 2008, ha construido en París la imagen de una artista elegante, sofisticada y políticamente comprometida.
Su proyección internacional aumentó con Body of Lies, dirigida por Ridley Scott, junto a Leonardo DiCaprio y Russell Crowe. Posteriormente trabajó con Jim Jarmusch y Asghar Farhadi, participó en producciones internacionales y se convirtió en un referente del apoyo a la libertad de expresión tras sus protestas contra las restricciones a las mujeres en Irán.
En Francia, Farahani es admirada en el ámbito cultural, respetada por su activismo y observada con interés por la prensa parisina —un perfil capaz de transformar un rumor privado en cuestión de relevancia pública.
Todo ocurrió en cuestión de segundos, en la escalerilla de un avión. Pero en política, a veces basta una sola imagen para marcar la trayectoria de un presidente durante años.

