18 de mayo de 2026
Buenos Aires, 10 C

Clima extremo: nieve primaveral, tornados y olas de calor

En las últimas semanas gran parte de Europa afrontó una ola de frío primaveral especialmente intensa. Un anticiclón en el Atlántico Norte combinado con una baja presión sobre el sur de Escandinavia canalizó aire ártico hacia el sur, provocando temperaturas entre 10 °C y 15 °C por debajo de lo habitual para la época.

Según Brendan Wood, meteorólogo de la firma británica MetDesk citado por The Guardian, las heladas nocturnas afectaron a agricultores y viticultores, sobre todo en Francia, donde muchos productores prendieron fuegos para intentar proteger los viñedos de daños irreversibles.

Este tipo de frío generalizado se había vuelto menos habitual en décadas recientes en un continente que, según expertos, se calienta más rápido que otras regiones por la crisis climática. Además del daño agrícola, el episodio estuvo acompañado de fuertes tormentas eléctricas: entre el 11 y el 16 de mayo se detectaron alrededor de 750.000 descargas eléctricas en Europa y zonas cercanas, lo que refleja la intensidad de la inestabilidad atmosférica.

La situación motivó avisos meteorológicos severos, como las alertas rojas emitidas en Serbia por vientos fuertes, lluvias intensas y granizo. La baja presión se desplazó hacia el noroeste europeo, interrumpiendo la llegada de aire frío desde el norte y cambiando la dirección de los vientos hacia el oeste, lo que abrió paso a un cambio brusco de condiciones.

Del frío extremo a máximas históricas en Europa occidental

Los modelos meteorológicos pronostican un giro pronunciado: una extensa dorsal de alta presión se instalará en el oeste de Europa, permitiendo la afluencia de aire cálido procedente del norte de África. Se anticipan aumentos de temperatura de hasta 15 °C respecto a la semana anterior en países como Francia y Reino Unido. En la península ibérica, las máximas podrían alcanzar entre 30 °C y 35 °C, valores poco comunes en mayo.

Ese salto térmico plantea un desafío inmediato a la población tras días de heladas y frío. Las mínimas nocturnas podrían superar las máximas de la semana previa, un ejemplo de la alta variabilidad climática. Estas fluctuaciones elevan los riesgos para la agricultura, la salud pública y los sistemas energéticos, y aumentan la probabilidad de tormentas severas, granizo y rachas de viento fuertes.

El contraste entre frío extremo y calor repentino también pone a prueba infraestructuras y servicios. En Francia, Reino Unido y el resto de Europa occidental las autoridades y la ciudadanía ajustan actividades ante temperaturas inusuales para esta época. Los especialistas señalan que estas variaciones bruscas son cada vez más frecuentes en el contexto del cambio climático acelerado.

Estados Unidos ante fenómenos meteorológicos extremos

Mientras Europa afronta estas transiciones, Estados Unidos vive sus propios extremos. En el noroeste, tras una semana con temperaturas cercanas a 30 °C, una masa de aire frío desde Canadá se encuentra con una zona de baja presión, lo que dará lugar a la segunda tormenta invernal del mes en zonas como Wyoming, el norte de Colorado y el noreste de Utah, con nevadas significativas previstas.

Las autoridades estiman acumulaciones de hasta 46 cm en áreas montañosas y vientos de hasta 96 km/h, capaces de provocar ventiscas y condiciones peligrosas para la conducción. En el Parque Nacional de Yellowstone ya se observó la presencia de ciervos mulos en la nieve, una imagen poco frecuente al final de la primavera boreal.

En el suroeste, la situación es opuesta: vientos persistentes y baja humedad han llevado a emitir avisos por riesgo extremo de incendios forestales en varios estados, lo que plantea retos en la gestión de recursos naturales y prevención.

En el centro y el este del país, el choque entre masas frías y aire cálido y húmedo aumenta la probabilidad de tormentas eléctricas severas. El Storm Prediction Center advirtió de un 15 % de riesgo de tornados el lunes en cuatro estados del centro, una zona donde residen cerca de 900.000 personas.

La sucesión de fenómenos extremos en Europa y Norteamérica subraya la creciente inestabilidad del clima global. Expertos coinciden en que el aumento en frecuencia e intensidad de olas de frío, calor, tormentas y nevadas fuera de temporada está ligado directamente a la crisis climática y a la alteración de los patrones atmosféricos tradicionales.

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