Además de Tomás Grigera, reconocido como el gran fundador de Lomas de Zamora, existió otro personaje poco recordado que el investigador Carlos Pesado Palmieri recuperó en su libro “Antonio Luciano Ballester Ahumada. Un olvidado patriota lomense en la historia nacional”.
Pesado Palmieri estudió el origen del distrito y de sus impulsores. Según el autor, Antonio Luciano Ballester Ahumada, coetáneo de Tomás José Grigera, nació en Buenos Aires en 1775.
Proveniente de la isla de Mallorca, trabajó en tareas rurales y luego como panadero y confitero. Con rango militar, participó en los enfrentamientos generados por las invasiones británicas a comienzos del siglo XIX y suscribió el petitorio para la formación de la Primera Junta. En 1821 fue beneficiado por el reparto de chacras realizado por el gobernador Martín Rodríguez.
Viudo de su primera esposa, Lorenza Medina, Ballester contrajo luego matrimonio con Inocencia Dunda.
Su importancia para Lomas de Zamora
Junto a Tomás Grigera, diez años mayor que él, constituyeron dos modelos de vida familiar ejemplar; Ballester padeció además la pérdida de su primera esposa y de varios hijos en ambos matrimonios.
Tras la Revolución de Mayo se sucedieron los momentos de julio y la etapa de la emancipación, y la figura de Juan Manuel de Rosas —a quien Julio Irazusta calificó como un “Padre de la Patria” por su acción internacional de veinte años— marcó la política nacional y el contorno territorial que hoy conocemos.
En 1830, durante el primer gobierno del Restaurador —descrito por Oyhanarte como “un centauro cabalgando en un campo de amapolas”—, Ballester aparece con el grado de teniente coronel de la Caballería Cívica, integrando la Guardia de Honor de la Provincia de Buenos Aires. Siendo viudo, se casó al año siguiente con Inocencia Dunda.
Participó en las fuerzas auxiliares durante la llamada Revolución de los Restauradores en 1833. Falleció el 5 de marzo de 1839; Pesado Palmieri considera que su figura sufrió “un inmerecido olvido histórico”.
El autor señala que aquí se entrecruzan varias historias: la de Antonio Ballester, la de Tomás Grigera y la de las Lomas de Zamora, mostrando la geografía, la vida cotidiana de las estancias, las personalidades que impulsaron el lugar, las dificultades de la supervivencia en épocas más duras y el impacto de la política nacional sobre lo local.
Ballester murió en las Lomas de Zamora —entonces parte del Partido de Quilmes— el 5 de marzo de 1839, a los 55 años.
Las vidas de Ballester y Grigera son arquetípicas: dos protagonistas que, pese a sus aportes y a las dificultades personales, terminaron enfrentados por un litigio patrimonial.


