24 de mayo de 2026
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Fin de una era en el Gobierno y advertencia por la interna

El Gobierno atraviesa internas profundas que afectan a varios sectores del oficialismo. Las disputas entre miembros de la mesa política se han prolongado por meses y se han vuelto tan visibles que los actores privilegian exponerlas públicamente antes que resolverlas en privado. La convivencia interna llegó a un punto de saturación y existe un alto nivel de desconfianza mutua.

Más relevante que analizar lo ocurrido la última semana es proyectar qué puede suceder en adelante. Un funcionario de alto rango, que habló con Infobae, resumía la sensación general: la incertidumbre persiste incluso entre quienes están en contacto directo con el Presidente y se supone que lo conocen bien.

Si bien la historia no se repite idéntica, los patrones políticos suelen repetirse. Las organizaciones políticas funcionan con un orden que facilita la toma de decisiones, y el dato político reciente es que ese esquema parece estar desgastado dentro del mismo gobierno.

Se pueden distinguir tres fases en la presidencia de Milei. La primera corresponde al inicio del mandato, cuando Nicolás Posse actuó como un controlador estricto de la gestión: todo pasaba por su Jefatura de Gabinete, lo que ralentizó la dinámica del gobierno y culminó con su salida en mayo de 2024.

La segunda fase se instaló con el ascenso de Guillermo Francos como coordinador de los ministerios. Paralelamente se consolidó el denominado Triángulo de Hierro: Javier Milei concentró su atención en lo económico, Karina Milei se ocupó del partido nacional y Santiago Caputo adquirió poder político informal dentro del Ejecutivo.

Ese esquema entró en crisis con el inicio de la temporada electoral: la estrategia partidaria comenzó a influir de forma decisiva en la gestión ejecutiva, por la necesidad de definir la relación futura con aliados en el Congreso. Hubo que coordinar partido y administración, pero cada ala tenía una concepción distinta sobre qué debía hacerse.

En ese contexto, el karinismo empezó a ganar espacios dentro del Ejecutivo. Francos quedó en medio de la disputa y terminó siendo la figura que debió dejar su puesto. Tras su renuncia, Karina impuso a Manuel Adorni y se creó la llamada Mesa Política, que diluyó parte del poder informal del santiaguismo. Esa etapa parece estar en transición.

Una señal de la crisis es que esta semana no pudieron reunirse debido a los enfrentamientos públicos entre Santiago Caputo y los primos Menem, junto con la disputa conocida entre Manuel Adorni y Patricia Bullrich. En estas peleas, quien confronta a un miembro del karinismo termina, en los hechos, enfrentándose con Karina Milei, lo que complica aún más la convivencia interna.

¿Puede la crisis en la mesa política dar lugar a una dinámica diferente? No hay indicios claros. En el karinismo existe la intención de crear una mesa de reuniones con funcionarios del Ejecutivo, pero su viabilidad es incierta porque implicaría marginar a figuras como Martín Menem y a Santiago Caputo, que no ocupa un cargo formal.

Tres dirigentes relevantes, de distintas filiaciones, que hablaron con el Presidente en estos días aseguraron que Milei no pretende hacer cambios en la estructura interna: por ahora actúa como mediador entre las partes. No obstante, es probable que en la reunión de Gabinete posterior al tedeum se transmitan mensajes firmes en privado.

Dentro del Gobierno las posiciones son diversas. Hay quienes advierten que la situación debe resolverse para evitar un desenlace grave; la mayoría, sin embargo, cree que no habrá cambios importantes, en parte porque Milei ya defendió públicamente a Menem y mantiene una relación cercana con Santiago Caputo.

En privado, el grupo denominado Las Fuerzas del Cielo dice que dejará de ocultar los errores que observen. Reconocen que perdieron influencia en el armado de las listas y que el karinismo avanzó en la gestión, por lo que se sienten con menor margen para permitir conductas que consideren contrarias a la narrativa libertaria.

Su argumento es que Milei confía en Santiago y no lo echará sin una razón clara; por eso, sostienen, el entorno de Menem necesita hallar un pretexto para incriminarlo. Consideran que, con la información disponible sobre la cuenta en cuestión, se demuestra que no actuaron sin motivo.

La tensión también tiene componente de orgullo y descontento por decisiones previas: fuentes reservadas sostienen que se sintieron marginados en el armado de listas y en decisiones de gobierno, y por eso no permanecerán callados ante lo que perciben como faltas de respeto hacia Santiago, a quien definen como muy leal al Presidente.

En el santiaguismo se encendieron las alarmas cuando el karinismo los desplazó del Ministerio de Justicia. El asesor presidencial había ido perdiendo influencia y evalúa que su salida, si se concreta, será difícil y costosa para quienes impulsan ese desplazamiento.

Desde el círculo karinista sostienen que su objetivo es que ciertos asesores no intervengan en política partidaria porque, cuando lo hicieron, cometieron errores. Dicen no tener intención formal de pedir remociones, pero admiten preocupación por la continuidad de las acciones digitales de los cielistas y advierten que, si persisten, “algo va a pasar”.

Fuentes cercanas a Karina critican que una cuenta anónima de pocos seguidores se haya convertido en un asunto de Estado y señalan que esa polémica desvió la atención de mostrar datos económicos. En su evaluación, ese episodio no contribuye a proteger al Presidente.

Curiosamente, desde ambos sectores aseguran que el Presidente está de su lado.

El santiaguismo afirma que Milei sabe que la cuenta anónima pertenece a Menem pero lo defendió para evitar confrontaciones públicas con el karinismo; además, tomó la versión del asesor Santiago Oría sobre que el episodio fue “prefabricado” para frenar teorías conspirativas.

Desde el karinismo sostienen que Milei está molesto porque las cuentas digitales no cesan con el internismo público. En el entorno de Karina señalan que su sector suele terminar prevaleciendo, aunque el proceso puede llevar tiempo.

Lo más probable es que la incomodidad entre ambos sectores continúe y que no se implemente un nuevo esquema político a corto plazo. Hay rumores sobre cambios planificados para el Mundial; antes de eso, Manuel Adorni presentará su declaración jurada en la primera semana de junio, un hecho conocido por la cúpula oficialista.

Algunos sectores intentaron impulsar la salida del jefe de Gabinete después de ese evento, pero las consultas de Infobae indican que se trata más de especulaciones o deseos que no reflejan la postura de sus principales apoyos dentro del Gobierno.

La postura mayoritaria en Casa Rosada es que las internas afectan poco la evolución de las variables económicas, que corren por carriles distintos; sin embargo, admiten que el ruido político sí incide cuando paraliza las negociaciones con la oposición. Para el proyecto libertario, sostener la coherencia del programa económico es condición indispensable.

Los conflictos internos no son nuevos y, aun así, el oficialismo consiguió sancionar leyes en el Congreso. Esta semana hubo una sesión favorable en la Cámara de Diputados con tres medias sanciones. El problema surge cuando fracasan las negociaciones legislativas, lo que genera dudas sobre la capacidad del Ejecutivo.

Hoy el termómetro político está en si las tensiones alcanzan a paralizar los diálogos con gobernadores y bloques legislativos. No es casual que Milei haya señalado que intentaron “voltear” su gobierno cuando la oposición bloqueó o sancionó leyes en su contra.

En las últimas dos semanas creció la preocupación porque el Ministerio de Economía recortó partidas relevantes para negociar con las provincias. Fuentes afirman que “las herramientas que tiene para negociar el Colo [Santilli] son cada vez menos”. Los gobernadores aliados siguen apoyando a la Casa Rosada en votaciones sensibles mientras perciban que su electorado respalda el rumbo; si eso cambia, su apoyo se volverá más exigente.

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