27 de mayo de 2026
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Campagnoli: recuperar la convivencia sin destruirnos

La diputada nacional por Pilar, Marcela Campagnoli, se pronunció tras el tedeum celebrado en la Catedral Metropolitana por el 25 de Mayo y tras la reciente encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV, y advirtió sobre lo que consideró el desafío más urgente del país: recuperar la capacidad de convivir sin destruirnos.

En su análisis tomó como punto de partida la homilía del arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, quien afirmó en el tedeum que “Argentina sangra de inequidad” y pidió poner fin a la confrontación permanente: “Basta de arengar la división y la polarización, porque nadie se salva solo”, sostuvo el arzobispo.

Campagnoli señaló además que hoy muchas personas experimentan estar paralizadas en sus esperanzas, en sus oportunidades y en su dignidad.

La legisladora encontró en esas palabras una profunda coincidencia con el mensaje de León XIV, cuya encíclica advierte sobre la deshumanización impulsada por la cultura digital, el uso de la inteligencia artificial sin criterios éticos y la pérdida de vínculos reales.

Para Campagnoli, ambos mensajes apuntan al mismo fenómeno: una civilización que avanza tecnológicamente mientras retrocede en términos humanos.

Señaló que la sociedad argentina enfrenta un agotamiento emocional visible: ciudadanos que ya no dialogan sino que atacan, jóvenes afectados por la violencia, adultos dominados por la agresividad y una política que con frecuencia alimenta la confrontación en lugar de desactivarla.

En ese marco, la diputada pilarense subrayó que una sociedad puede atravesar crisis económicas, inflación o incertidumbre, pero que cuando pierde empatía y sentido humano el daño se vuelve más profundo y difícil de reparar.

Advirtió que no alcanza con crecer económicamente ni con modernizar la tecnología si al mismo tiempo avanza el deterioro emocional y se destruyen los vínculos entre las personas.

“Tal vez lo más inquietante fue la descripción de una sociedad donde el otro dejó de ser un hermano para transformarse en un enemigo: violencia verbal, agresión constante, humillación pública, fanatismos, desprecio y crueldad cotidiana”, enumeró.

“En tiempos en los que las redes sociales premian el insulto, donde la política muchas veces vive de la confrontación permanente y donde el dolor ajeno se relativiza según quién lo padezca, el mensaje de la Iglesia plantea una alarma ética”, concluyó.

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